No hacía falta cruzar el Atlántico ni pisar la sede de cristal de Nueva York para sentir el peso de la diplomacia. Durante dos días, Ciego de Ávila se transformó en un hervidero de ideas, réplicas y acuerdos.
En medio de un escenario mundial fracturado por tensiones y conflictos, y cumpliendo rigurosamente con el aforo reducido que exigen las circunstancias actuales, el evento MUNDÁVILA demostró que la diplomacia universitaria sigue siendo un bastión insustituible.
El momento cumbre de la cita llegó cuando el Consejo de Derechos Humanos, integrado por estudiantes con la seriedad de verdaderos embajadores, aprobó una resolución histórica. Con 15 votos a favor y apenas 3 en contra, se refrendó un documento que refuerza la cooperación internacional en la protección de los derechos fundamentales.
Detrás de esos números no hubo frivolidad: delegados de 20 países debatieron con pasión y altura sobre asistencia técnica, intercambio de buenas prácticas y fortalecimiento de los mecanismos de derechos humanos.
Cada intervención estuvo guiada por el espíritu de Viena y la Carta de la ONU, como si el mundo realmente dependiera de sus palabras.
Pero MUNDÁVILA no es solo un ejercicio de simulación: es una escuela de vida. Conscientes de que los derechos humanos no se defienden solo en los discursos, el programa académico se enriqueció con actividades colaterales de profundo sentido humano.
La visita al Centro Gerontológico Camilo Cienfuegos, impulsada por el Proyecto Querubín de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas en conjunto con la Red Juvenil Comunitaria de la UJC, llevó el debate teórico a la práctica solidaria.
Esa tarde, los futuros comunicadores y líderes no debatieron sobre la vejez; compartieron sonrisas y escucharon historias, reafirmando que la dignidad humana tiene rostro y nombre propio.
El cierre del evento atesoró la emoción más grande. La tecnología borró las distancias y conectó a los jóvenes avileños con el rector de su Casa de Altos Estudios, Yurisbel Gallardo Ballat, quien seguía los debates desde Perú.

Su intervención, cargada de un orgullo casi paternal, precisó: «Lo que veo no es un simple encuentro estudiantil; veo el futuro de mi Cuba en cada uno de ustedes». Y añadió, en una frase que resonó entre los asistentes: «En tiempos complejos, donde todo parece empujar hacia atrás, ustedes eligen quedarse, construir, debatir y crecer. No son jóvenes que esperan; son jóvenes que hacen».
Gallardo Ballat reconoció el valor de la resiliencia y la actitud positiva, y dedicó un reconocimiento especial al joven Kevin Marcos Delgado Álvarez, Secretario General del Modelo de Naciones Unidas, por su entrega y ejemplo.
El broche de oro llegó con un acto simbólico de gran peso institucional: la firma de los Estatutos de MUNDÁVILA, documento que consolida los principios y normas del Modelo. Con esa tinta sobre el papel, MUNDÁVILA dejó de ser un evento aislado para convertirse en un legado perpetuo, un compromiso formal con el derecho internacional y el diálogo respetuoso.
El encuentro sirvió también para honrar a Lilian María Ramos Conde, subsecretaria y coordinadora ejecutiva del evento, quien cierra este ciclo estudiantil para adentrarse en la vida laboral. Con diplomas en mano, entregados por Kevin Marcos Delgado Álvarez, y la mirada brillante de sus compañeros, Ramos Conde recibió el reconocimiento a una consagración que trasciende las aulas. Su partida no es un adiós, sino la prueba viviente de que MUNDÁVILA forma profesionales listos para el mundo.

En las conclusiones, el licenciado en Derecho Delgado Álvarez destacó: «Hemos demostrado que cuando la voluntad política se encuentra con el talento joven, los resultados son extraordinarios. Hemos visto cómo la ciencia y la tecnología dejaron de ser conceptos abstractos para convertirse en herramientas concretas de transformación social. Y hemos visto, sobre todo, que el multilateralismo no solo es posible, sino que es indispensable. Esta sesión ha sido un banco de pruebas, un laboratorio donde hemos ensayado soluciones que luego elevaremos a la Asamblea General en el próximo período ordinario. Nos llevamos la certeza de que la juventud tiene la capacidad, la energía y la inteligencia para construir un mundo mejor».
Al finalizar la jornada, entre abrazos y promesas de volver a encontrarse en la próxima edición, se reafirmó que estos modelos de Naciones Unidas son una herramienta pedagógica invaluable. Forman profesionales con sensibilidad política, ética y una visión internacionalista que Cuba necesita.
Los universitarios avileños no esperan que el cambio llegue; lo están generando, debate a debate, abrazo a abrazo, y con la mirada puesta en un mundo donde la dignidad humana sea, finalmente, el centro de todo.
