Para Luis Alberto Gutiérrez Abreu, hay encuentros que parecen fruto del azar, pero terminan marcando para siempre el rumbo de una existencia, como aquel momento en que, por primera vez, atravesó la puerta de una cabina de radio.
La prueba de aptitud lo llevó hasta allí y, casi sin saberlo, frente a un micrófono comenzó una historia que todavía continúa.
Graduado en Dirección de Cine, Radio y Televisión por el ISA, llegó a Radio Surco hace 34 años, emisora que dejó de ser solamente un centro de trabajo para convertirse en casa, oficio, pasión y compañía.
“Parte de mi vida”, responde Luis cuando se le pregunta qué significa para él la emisora. Y después de más de tres décadas frente al micrófono, quizá no exista una respuesta más sencilla ni más profunda.
A lo largo de estos años, su trayectoria ha sido reconocida con el Sello 95 Aniversario de la Radio, el Micrófono de la Radio, la condición de Artista de Mérito y la Medalla Raúl Gómez García por más de 25 años de permanencia en el sector de la cultura.
Sin embargo, entre tantos reconocimientos, hay un recuerdo que ocupa un sitio especial: Campo y Punto.
Aquel espacio le permitió encontrar una manera propia de hacer radio. Luis quería alejarse de los estereotipos con los que muchas veces se representaba al campesino y construir, desde la autenticidad, una propuesta capaz de conectar con quienes estaban al otro lado del receptor.
Y lo consiguió. La verdadera recompensa llegó desde el público, desde esa aceptación que ningún diploma puede sustituir.
Porque la radio tiene precisamente ese misterio: permite conversar con miles sin verles el rostro y, al mismo tiempo, lograr que cada oyente sienta que la voz que escucha le habla de cerca. Luis conoce bien ese misterio.
Conoce también sus transformaciones. Ha visto cambiar los tiempos, las tecnologías y las maneras de producir y transmitir contenidos. Pero hay algo que, a su juicio, permanece intacto: la capacidad de la radio para acompañar la vida.
“La radio es la vida”, sostiene.
Y explica que, como la propia existencia, ella también se transforma, exige aprender, adaptarse, disfrutar y afrontar dificultades. Pero en su balance personal hay más razones para celebrar que para lamentar.
Por eso tampoco habla de la jubilación como un punto final. Con el humor que lo caracteriza, asegura que, cuando llegue ese momento, la aceptará… siempre que lo vuelvan a contratar.
La frase provoca una sonrisa, pero encierra una verdad: hay oficios que terminan siendo mucho más que un trabajo.
Después de 34 años, Luis Alberto no parece dispuesto a despedirse de la radio. Todavía habla de proyectos, de futuro y de esas “sorpresas” que, asegura, siempre guarda el camino.
El próximo 10 de octubre, Radio Surco llegará a sus 74 años de fundada. Setenta y cuatro años de voces que han acompañado a generaciones de avileños; de periodistas, realizadores, locutores, técnicos y trabajadores que han hecho de sus estudios un espacio de creación y servicio. Entre esas voces está la de Luis Alberto. Llegó a la radio por casualidad. Se quedó por amor.
Y después de más de tres décadas, cuando se le pregunta si uno puede enamorarse de la radio, responde sin vacilar: “Sí, mucho, mucho. Se hace casi indispensable”.
Quizás ahí esté la verdadera dimensión de su historia. Porque hay personas que trabajan en la radio. Y hay otras que, con el paso de los años, terminan siendo parte de ella.
