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Girón, la enseñanza a donde siempre regresar

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La historia nos coloca todos los días en la disyuntiva de aprender de ella o cometer los mismos errores del pasado. Hoy tenemos en nuestras manos Playa Girón. A 65 años de aquel abril socialista, un texto que tiene la virtud de revisitar nuestro derrotero y hacernos repensar el presente.

¿Acaso podemos olvidar el pasado? Aquellos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla. El propio Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el acto por el aniversario vigésimo quinto de la victoria de Playa Girón, aseguró que “… La importancia de Girón no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar; la gran trascendencia histórica de Girón no es lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió gracias a Girón”.

Fidel deja claro lo que habría sucedido de consolidarse la cabeza de playa, e intervenido directamente las fuerzas armadas de Estados Unidos. Todo hubiera sido diferente.

Esta recopilación de los textos sobre la epopeya de Playa Girón tiene la virtud de la elocuencia de Fidel y su pensamiento crítico. Nadie como él para entender al contrario. Su capacidad para empatizar es proverbial. El Comandante nos conduce a través de los hilos de la historia con la maestría de quien puede hablar del ayer como si fuera el hoy, y sobre todo, como alerta del mañana.

Playa Girón ocupa un lugar singular en la historia de Cuba y de América Latina y el Caribe. No fue únicamente un enfrentamiento militar en el marco de la Guerra Fría, sino una confrontación directa entre un proyecto revolucionario en consolidación y una política de intervención orientada a revertirlo. Lo que estuvo en juego no fue solo el control de un territorio específico, sino la continuidad de un proceso político que había modificado estructuras económicas, relaciones sociales, además de posicionar a Cuba en el escenario internacional con el triunfo revolucionario de enero de 1959.

Este libro no reconstruye los hechos desde la mirada académica distante, ni desde la autopsia posterior. Reúne documentos producidos en el curso mismo de los acontecimientos: discursos, comunicados, partes militares, mensajes interceptados y testimonios. El valor inestimable radica, justamente, en la condición de fuente primaria. Aquí la historia no aparece como resultado cerrado, sino como proceso en desarrollo. Las páginas permiten observar cómo se definían posiciones, cómo se explicaban decisiones y cómo se articulaba una narrativa en medio de la confrontación.

Uno de los ejes centrales de la compilación es el uso de la palabra pública como instrumento político. Los comunicados no solo informan: organizan, orientan y delimitan responsabilidades. Los discursos no se limitan a describir hechos militares, sino que definen el sentido de la confrontación.

La proyección continental ocupa también un lugar visible en la obra. Los mensajes dirigidos a Latinoamérica y a la comunidad internacional sitúan la invasión en un escenario más amplio de disputas geopolíticas. No se trata solo de denunciar una agresión, sino de afirmar la posibilidad de un proyecto soberano en la región. En ese sentido, Girón es presentado como precedente y advertencia. El libro permite observar cómo se elabora ese argumento y cómo se intenta disputar la interpretación dominante en la esfera internacional.

La secuencia documental permite advertir cómo se construye una lectura revolucionaria de los hechos. La invasión mercenaria es presentada por Estados Unidos como intento de restaurar un orden anterior. Desde esa perspectiva, la defensa no se limita a repeler un desembarco, sino a impedir la reversión de transformaciones ya en marcha. El lector puede examinar cómo se vinculan los combates con reformas económicas y sociales, y cómo se inscribe la batalla en una narrativa de continuidad.

Los textos iniciales muestran un país que interpreta los bombardeos y las acciones previas como parte de una estrategia sostenida de hostilidad. Las referencias a sabotajes, incursiones aéreas y operaciones encubiertas no se presentan como episodios aislados, sino como antecedentes de una invasión que se consideraba probable.

Girón no surge como sorpresa absoluta, sino como culminación de una escalada. El libro permite seguir cómo esa interpretación se formula y se comunica en tiempo real, antes de convertirse en versión consolidada. En todo lo anterior radica una de las mayores enseñanzas y legado de Girón: interpretar el conflicto en su devenir para adelantarse a la agresión. “En prever está todo el arte de salvar”, aseguraba el Apóstol cubano José Martí.

Y es que sucesivas administraciones estadounidenses han buscado con agresividad ahogar el proceso social revolucionario cubano. Los intentos han tenido muchos nombres: vapor La Coubre, Peter Pan, tienda El Encanto, Playa Girón, Operación Mangosta, Crisis de Octubre, Boca de Samá, guerra bacteriológica, dengue hemorrágico, más de 600 planes de magnicidio, infiltraciones de lanchas con armas y municiones, terrorismo de Estado, etc. La lista es larga.

Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton, Obama, Trump, Biden y de nuevo Trump. Trece presidentes estadounidenses han buscado a la fuerza un cambio de régimen en Cuba. Incluso la era Obama pretendió lo mismo, pero por caminos diferentes, apostando al poder inteligente y la subversión ideológica.

La lucha contra el terrorismo internacional ha sido utilizada como arma política contra Cuba. La administración Trump asegura que Cuba es una nación patrocinadora del terrorismo. Incluso la reincluyó en una lista espuria sobre el tema. Sin embargo, la historia demuestra con elocuencia lo contrario: más de 3 400 cubanos han muerto víctimas del terrorismo de Estado organizado, financiado y ejecutado desde Washington. Otros miles han resultado heridos o han quedado incapacitados de por vida.

A la luz de nuestros días el memorando del tristemente célebre Lester Mallory es apenas un boceto de lo que han sido siete décadas de hostilidad desde «el norte revuelto y brutal». La Casa Blanca de Donald Trump se ha caracterizado por una agresividad sin límites y la ejecución de centenares de acciones para recrudecer el bloqueo económico, comercial y financiero hasta lo indecible. Incluso Trump llegó a invocar la “emergencia nacional” para declarar a Cuba como «una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior» de su país. La Orden Ejecutiva de enero de 2026 busca dejar al pueblo cubano sin suministros de petróleo y sus derivados.

El desprecio a la vida y a las normas internacionales de convivencia caracterizan el accionar de la actual administración. Una muestra de ello es el regreso a la época de los piratas en el Caribe y el abordaje y robo de buques petroleros; el bombardeo y hundimiento de embarcaciones en altamar; el asedio aeronaval y la fatídica agresión militar del 3 de enero de 2026 a Venezuela, demostración de fuerza y poderío de fuego que incluyó el secuestro del legítimo presidente Nicolás Maduro y su compañera de vida y dirigente chavista, Cilia Flores. ¿Qué decir de la agresión militar a Irán, el asesinato del ayatola Alí Jamenei y altos mandos de la nación persa?

Guerra antes de la guerra que se construye desde falsas percepciones y manipulación mediática. Domina la filosofía de que NO tiene que ser verdad la noticia, sino que ante todo tiene que ser creíble. Máxima capitalista contemporánea que bebe de la matriz goebbeliana de una mentira mil veces dicha se convierte en verdad. No es cierto que Nicolás Maduro es el líder del Cartel de Los Soles, una supuesta organización narcoterrorista que el propio Departamento de Justicia estadounidense aseguró que NO existe. Es falso que Venezuela es un narco-Estado, apenas el 5% de la droga que llega a Estados Unidos circula por el Caribe; sin embargo, el gobierno trumpista martilló mediáticamente esas ideas hasta hacerlas creíbles para la opinión pública internacional.

Maduro es un presidente secuestrado. Venezuela es la primera víctima de la doctrina de seguridad nacional de Washington que nos abstenemos de llamar “nueva” porque en realidad es una mala versión de la vieja y fracasada Doctrina Monroe que tantas vidas ha costado a Latinoamérica y el Caribe y que ha provocado no pocas intervenciones militares, golpes de Estado y cientos de miles de vidas perdidas por la codicia del poder y la dominación.

Irán es otro error imperial. Trump ya no puede decir que nunca ha comenzado una guerra. A pesar de ser el agresor consumado, pretende que lo veamos como país agredido junto al estado sionista de Israel. Asesinaron al ayatola Jamenei con la idea de que así descabezaban un movimiento contrahegemónico, pero se han encontrado que el martirio une y amalgama el sentimiento antimperialista de un pueblo.

Apenas el primer año de Donald Trump en la Casa Blanca y es notable el desprecio por la sacrosanta democracia, la institucionalidad estadounidense y el irrespeto a los poderes. Qué esperar entonces para Naciones Unidas y su idea de un mundo multipolar, de convivencia pacífica y con organismos internacionales reguladores.

Estamos ante una administración que dice esforzarse por el diálogo y las conversaciones para mantener la paz, pero es solo una formalidad para distraer de los verdaderos objetivos: lograr el control de recursos naturales como el petróleo, y así garantizar su hegemonía mundial y el posicionamiento como imperio, en decadencia, pero todavía con capacidad de maniobra para tratar de salvar al capitalismo que es sinónimo de acabar con la existencia humana en el planeta Tierra.

Girón nos habla de escalada de un conflicto, de acciones que no se pueden ver aisladas unas de otras. Girón nos enseñó a interpretar el día a día. Girón nos hizo ver con cercanía el preludio de la agresión. Girón elevó de categoría filosófica a esencia de vida de los cubanos, palabras como patria, soberanía e independencia. En ello Fidel tuvo un rol decisivo al ser estratega y alma, impulso y determinación, y ejemplo a seguir para un pueblo.

En muchas ocasiones se reduce Girón a la idea de que fue la primera derrota del imperialismo estadounidense en América Latina y el Caribe, pero lo cierto es que la epopeya de aquellos días es mucho más que una victoria militar en poco menos de 72 horas. Playa Girón. A 65 años de aquel abril socialista, más que ofrecer respuestas cerradas, abre un espacio para la lectura crítica; invita a revisar los documentos en su contexto, a identificar sus énfasis y silencios, y a situarlos en el marco más amplio de la historia cubana, latinoamericana y caribeña. En esa posibilidad de confrontar directamente las palabras en medio de la crisis reside su principal aporte.

Por todo eso y más, seis décadas y media después, escuchar al líder de la Revolución hablar sobre Girón en este apretado texto de indicaciones, cronología, sucesos y reflexiones es entender que Cuba vive con intensidad preludios cotidianos, con la certeza de que un nuevo Girón no sería hecho de excepción, sino un nuevo reto a enfrentar con la seguridad de las enseñanzas de Fidel y la fe en la victoria.

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