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En la circunscripción 47, la solidaridad se mide en donaciones de sangre

Hay circunscripciones que se reconocen por un dato, un premio o una anécdota puntual. La 47, perteneciente al Consejo Popular Rivas Fraga, acumula varios: 25 CDR distribuidos en tres zonas con más de cinco mil habitantes, un movimiento comunitario que ya suma decenas de patios sembrados y, desde hace poco más de un año, un destacamento de donantes voluntarios de sangre que ronda los cincuenta y cinco integrantes.

Todo comparte un mismo origen: la convicción de que el trabajo comunitario no espera a que las soluciones lleguen desde otro lugar.

Al frente de esa circunscripción, considerada de vanguardia por sus resultados sostenidos, está Julio César Moreno Quintero, delegado con una larga trayectoria en organizaciones de base —desde la FEEM y la Unión de Jóvenes Comunistas hasta los Comités de Defensa de la Revolución— y con responsabilidades actuales en la Asamblea Municipal del Poder Popular, donde preside la comisión agroalimentaria y de servicios, y en la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, donde asumió recientemente la secretaría patriótico-militar internacionalista.

Del patio a la comunidad

El movimiento “Siempre a tu pedacito de tierra” nació, según cuenta Moreno Quintero, de una premisa sencilla: que el ejemplo empiece en casa. Su propia familia recibió el premio de barrio, y ese gesto se multiplicó. Hoy la comunidad cuenta con más de sesenta patios sembrados y varias parcelas donde se combinan el plátano, la yuca y la calabaza con la cría de animales.

El movimiento no se ha quedado en el autoabastecimiento familiar. Desde la etapa más difícil de la COVID-19, los vecinos han aportado alimentos a los centros de aislamiento, y ese vínculo se mantiene hoy con círculos infantiles, hogares de ancianos y casas maternas.

Un destacamento que nació donando

La otra gran historia de la circunscripción tiene que ver con la sangre. Todo comenzó, cuenta el delegado, con un grupo de vecinos que ya donaba de forma individual y decidió organizarse. De ahí surgió un destacamento con estructura propia, presidido por alguien a quien Moreno Quintero describe como “mi hermano”, y que en menos de un año y medio acumula cerca de ciento sesenta donaciones.

Las cifras del último mes ilustran el ritmo alcanzado: veintiséis donaciones que permitieron asistir a dieciséis pacientes en estado grave. No todos sobrevivieron, reconoce el delegado, pero la sangre donada también sirvió para obtener plasma y otros derivados que salvan vidas en otros escenarios clínicos. El destacamento fue reconocido como abanderado por la dirección nacional de los Comités de Defensa de la Revolución.

Para sostener la motivación, la comunidad ha combinado el compromiso social con pequeños estímulos: actividades recreativas, como una salida de este verano a la playa de Majagua, y módulos de productos gestionados junto a actores económicos locales. Así resume Moreno Quintero la actitud de quienes participan sin esperar nada a cambio.

Un trabajo con base académica

El delegado vincula esta labor con una tesis de maestría que realizó sobre el trabajo comunitario integrado, consistente en un plan de acción para perfeccionar la labor de los organismos que operan en el territorio. Lo que hoy ocurre en la circunscripción 47, dice, es en buena medida la puesta en práctica de aquel estudio.

El costo personal de sostenerlo

Compatibilizar esta agenda con el trabajo y la familia no ha sido sencillo. Moreno Quintero reconoce que la carga de responsabilidades ha pasado factura a su salud: sufrió un infarto en marzo del año pasado. Aun así, asegura que eso no lo ha apartado de sus tareas comunitarias.

El delegado admite que el trabajo también ha generado críticas de quienes cuestionan que las gestiones se concentren en su figura. Su respuesta es que la comunidad no puede esperar a que todo llegue desde instancias superiores.

La satisfacción de lo cotidiano

Para Moreno Quintero, el balance del esfuerzo se mide en historias puntuales: la familia que recibe ayuda, el niño que logra reinsertarse en la escuela, el joven que consigue empleo o que sale de una adicción. Menciona también los debates comunitarios organizados en el barrio como parte de ese mismo esfuerzo por acompañar a los vecinos.

“Uno no está satisfecho del todo”, dice, consciente de que siempre queda una tarea pendiente. Pero en la circunscripción 47, la lista de lo ya alcanzado —patios sembrados, familias asistidas, vidas sostenidas por una donación de sangre— habla de un modelo de gestión comunitaria construido, sobre todo, a partir del ejemplo propio.

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