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La bandera cubana hondea hoy en cada rincón del país con motivo del Primero de Mayo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Construir consenso en la manera de apreciar los peligros y los principios

Intervención en la Junta General por el 230 aniversario de la Sociedad Económica Amigos del País (SEAP), 9 de enero de 2023 Me pidieron que dijese algo en esta Junta General que coincide con el 230 Aniversario  de la SEAP. Y ello me obligó a pensar bien que  es lo que debo y  puedo decir aquí, y a meditar sobre el espacio que puede y debe ocupar la SEAP en los debates económicos cubanos de la actualidad. Decía un filósofo europeo del siglo XVII que en lo que concierne a las cosas humanas no cabe “ni reír, ni llorar, ni indignarse, sino comprender”. Y la SEAP puede ayudarnos a los cubanos precisamente a eso,  a comprender. En el debate económico cubano actual hay temas estratégicos que atañen a todo el pueblo y también hay temas técnicos que son el campo de trabajo de especialistas o de compañeros que se desempeñan específicamente en el área económica. Por ejemplo (solamente como ejemplos), temas tales como la inflación, los espacios relativos del sector estatal y no-estatal, el rol de la empresa estatal socialista, la innovación en las empresas, la inserción internacional de la economía, las funciones del Estado como garante de la justicia distributiva, la producción de alimentos, la emigración de fuerza de trabajo calificada y otros, son temas estratégicos. La necesidad de concentrar el debate en estos temas es vital para evitar que el adversario ideológico erosione el consenso necesario en los asuntos de mayor importancia, diluyéndolos en otros temas de menor alcance o coyunturales, y promoviendo propuestas que pueden tener una racionalidad local para tratar problemas específicos, pero que se vuelven irracionales por su impacto en el rumbo mayor de la estrategia económica. Eso nos está sucediendo ahora mismo. En varios debates que he presenciado en diversos espacios, o leído de fuentes diversas, se ven emerger propuestas tales como:

  • La elegibilidad de los directivos de las empresas estatales
  • La ampliación del espacio del sector privado más allá de esa elusiva frontera entre lo estratégico y lo no-estratégico
  • La transformación de empresas estatales en empresas públicas por acciones adquiribles por nacionales o por extranjeros
  • El abandono del protagonismo estatal en el comercio exterior
  • Las importaciones por personas naturales con fines comerciales
  • La iniciativa extranjera en las inversiones
  • La contratación directa de la fuerza de trabajo
  • La concurrencia de suministradores extranjeros en el mercado interno

Y otras propuestas que, si bien no son descartables  “en general” y son atendibles para ser aplicadas en problemas específicos, donde pueden ser eficaces, pueden también ser  corrosivas para las estrategias generales. La historia ilustra elocuentemente que hay cambios sociales irreversibles que ocurren por la acumulación consecuencias involuntarias de decisiones localmente racionales. Solamente el consenso amplio sobre el destino que deseamos y las maneras de llegar a él pueden evitar que esos efectos acumulativos nos lleven a donde no queremos ir. Como ustedes conocen, yo no soy economista (lejos de eso), sino solamente testigo del proceso que llevó a emprendimientos científicos del sector presupuestado a transformarse en una rama de la economía, y a colectivos científicos transformarse en empresas. Pero desde esa perspectiva puedo intuir que hay discrepancias en el debate, incluso entre compañeros con formación en ciencias económicas, que derivan del intento de tratar la economía como un sistema cerrado, que tiene ofertantes (de bienes y servicios) y demandantes que operan dentro de los espacios nacionales, y ahí logran equilibrios macroeconómicos. Mucha teoría económica parece estar sentada en esas bases. Sin embargo, la realidad es que las economías de los países pequeños (y cada vez más la de todos) son sistemas abiertos, muy sensibles a lo que sucede fuera de las fronteras nacionales. Eso introduce restricciones geopolíticas a nuestro margen de maniobra, que no se pueden dejar de tomar en cuenta en cualquier razonamiento o propuesta. Todavía nos falta una teoría económica que nos ayude a enfrentar ese reto desde el Socialismo. Quizás pueda surgir de aquí, de la SEAP. El impacto del contexto mundial en las opciones nacionales ocurre para todos los países, pero es más importante aún en el caso de Cuba. No podemos olvidar que, después de México y Canadá, somos el país geográficamente más cercano a los Estados Unidos, que es el centro mundial de la economía capitalista y de la ideología neoliberal excluyente de toda alternativa. Un centro de poder cuyo gobierno tiene una política explicita de hostilidad hacia el proyecto socioeconómico cubano, como la tiene contra prácticamente todo proyecto que defienda en el mundo una alternativa económica no-capitalista. Quien se olvide de eso sería equivalente a un médico que pretende tratar un accidentado grave pero olvidando el “pequeño detalle” de que el paciente es también diabético e hipertenso. Todas las decisiones, en casi todos los campos de la actividad humana, tienen “restricciones de contexto” a lo que se puede hacer. El riesgo entonces está en que nos concentremos en la racionalidad local y coyuntural de las decisiones, y que eso nos conduzca a irracionalidades generales. El antídoto para esto no está en la teoría económica, sino en la política. Se trata de construir y reforzar permanentemente un consenso amplio sobre lo esencial. Y lo esencial es lo que está en nuestra Constitución, la cual establece que: “En la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como la  forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la economía, que tiene en cuenta, regula y controla el mercado en función de los intereses de la sociedad.  “La empresa estatal socialista es el sujeto principal de la economía nacional. Dispone de autonomía en su administración y gestión; desempeña el papel principal en la producción de bienes y servicios y cumple con sus responsabilidades sociales” “La concentración de la propiedad en personas naturales o jurídicas no estatales es regulada por el Estado, el que garantiza además, una cada vez más justa redistribución de la riqueza, con el fin de preservar los límites compatibles con los valores socialistas de equidad y justicia social”. La complejidad desafiante de nuestros debates de hoy consiste en que estos deberán contribuir al mismo tiempo:

  1. A crear una conciencia en todos los cubanos de que en los temas esenciales, legalmente refrendados en la Constitución, no puede haber un paso atrás, y que cualquier decisión concreta es buena en la medida en que no erosione esos principios
  2. A crear conciencia en quienes tienen responsabilidades decisorias a diferentes niveles, de que cualquier lentitud innecesaria o traba burocrática, o actitud conservadora de auto-protección que limite “cambiar lo que debe ser cambiado” también empuja hacia el neoliberalismo capitalista, al sembrar desconfianza en lo que podemos hacer desde el socialismo.

En estos debates debemos evitar la tendencia, natural y entendible, por nuestra historia de acoso externo de la economía,  pero peligrosa, a incluir solamente compañeros que piensan como nosotros, y a tratar a todos los demás como “enemigos”. En los debates económicos que ocurren en Cuba actualmente, principalmente en las redes, participan personas que, de forma abierta o encubierta, quisieran empujarnos en la dirección que quieren nuestros enemigos reales: reconstruir un capitalismo excluyente y dependiente, que es el camino hacia la pérdida de la justicia social y de la soberanía nacional. No estoy hablando de esos. Las ideas de estas personas no son ideas: son simplemente racionalizaciones interesadas para el privilegio y el abandono del proyecto emancipador revolucionario. Con esos no hay nada que discutir. Pero también hay muchos otros que polemizan y que no son enemigos, sino  que buscan aportar con urgencia soluciones a nuestros problemas económicos. Aun así, estos compañeros frecuentemente no logran distinguir entre la lógica de la economía, y la de la economía política, que son lógicas diferentes. Esa confusión puede hacer daño. No olvidemos que la economía solo es una ciencia parcialmente. Las ideas de los físicos o los químicos pueden estar equivocadas, pero no logran cambiar las leyes de la naturaleza; pero las ideas de los economistas sí pueden influir en el curso de la realidad económica. Recordaba en este momento la conocida expresión de Yanis Varoufakis, quien fuera ministro de Finanzas de Grecia durante la crisis económica, quien dijo que: “la economía no es una ciencia, es con mucho ideología con ecuaciones”. Hay compañeros con los que coincidimos en la necesidad de defender a Cuba y su revolución socialista, pero con los que no coincidimos en las acciones concretas que hay que hacer para ello. Recuerdo en este punto la frase del Che en su carta de despedida a Fidel cuando se refería a “tu manera de apreciar los peligros y los principios”. Es un reto permanente al pensamiento de los revolucionarios, y si intentáramos resumir en una frase corta el objetivo que debemos plantearnos en los debates económicos de hoy sería precisamente esa: construir consenso en la manera de apreciar los peligros y los principios. Ciertamente necesitamos cambios, muchos y profundos, y además tienen que ser rápidos. El primero que lo dijo, tempranamente (mayo del 2000) fue Fidel, en su importantísima definición de REVOLUCIÓN: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado” Muchos de nosotros, revolucionarios cubanos, adoptamos en la década de los 60, una visión reduccionista  del Socialismo, como un sistema económico en el que la propiedad privada era sustituida por la propiedad estatal de los medios de producción  y los mercados eran sustituidos por alguna forma de planificación integral pensada para cubrir necesidades y no para maximizar beneficios privados; y pensábamos que eso sería suficiente para construir justicia social, prosperidad material y elevación cultural. Es una visión que tuvo su rol histórico y  nos hizo avanzar pero que, 60 años después, resulta insuficiente para manejar las complejidades de la economía tecnológica y globalizada del siglo XXI. También se nos muestra insuficiente en el momento actual la visión de la CEPAL sobre la “Industrialización sustitutiva”, surgida del pensamiento económico latinoamericano de la época. Entre esos años 60 y el momento actual han pasado otros 60 años, y con ellos han venido importantes cambios en la economía mundial, que no podían estar previstos en aquella década:

  • La desaparición de la URSS y del campo socialista europeo
  • Las nuevas tecnologías de la cuarta revolución industrial
  • La aceleración en la globalización de la economía
  • El predominio de la economía financiera sobre la economía real
  • La transición demográfica, que cambia la estructura de la fuerza de trabajo
  • El deterioro acelerado del medio ambiente

No tenemos una teoría económica para manejar estos retos, desde un país pequeño y subdesarrollado, y además bloqueado. Necesitamos cambiar lo que debe ser cambiado, pero para hacerlo bien necesitamos comprender los rasgos esenciales de nuestro contexto, y comprender como se manifiestan esos rasgos EN CUBA. Necesitamos una teoría económica que nos ayude a comprender dos cosas esenciales:

  • A comprender cuales son las restricciones geopolíticas que nos impone nuestro contexto y nuestro devenir histórico, restricciones que otros países no tienen, al menos en igual medida, y que debemos conocer para tenerlas en cuenta al hacer nuestras propuestas
  • A comprender cuales son las oportunidades especiales que tenemos y que otros países no tienen, al menos en igual medida, para construir una economía de justicia social y prosperidad, basada en el conocimiento y en el capital humano, y conectada con la economía mundial.

Hacia eso deben apuntar los análisis y las propuestas que hagamos, y nunca hacia la restauración del capitalismo que es una máquina de generar desigualdades, que se amplifica a sí misma. Los niveles elevados de desigualdad económica no son un accidente del capitalismo: son inherentes a sus mecanismos básicos de funcionamiento. Elaborar y conceptualizar alternativas que trasciendan al capitalismo y que tengan posibilidades prácticas de funcionar en un contexto mundial que es todavía capitalista, sería un tremendo servicio a la Patria que el talento colectivo acumulado en la SEAP puede hacer, y una expresión concreta de su lema PRO-PATRIA. Más aun, pudiera ser, como escribió Martí en el Manifiesto de Montecristi “servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas preste a la firmeza y trato justo de las naciones americanas y al equilibrio aun vacilante del mundo” Estas ideas, todavía en borrador, son por ahora el modesto mensaje que puedo poner a disposición de ustedes en estos comienzos del desafiante e interesante año 65 de la Revolución.

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