Es imposible recorrer hoy los pasillos de Radio Surco, emisora que celebra sus 74 años de fundada, sin recordar a quienes durante décadas enaltecieron con su labor esta casa radial.
Entre esos nombres está el de Gertrudys Ramírez Mustel, una mujer que llegó a la emisora en 1993, con apenas 19 años, y terminó convirtiendo la radio en una parte esencial de su propia vida.
Quizá entonces no imaginaba cuánto cambiaría su historia aquel encuentro. Llegaba con sueños, con deseos de aprender y con esa osadía necesaria para atreverse a asumir nuevos retos.

Comenzó como asistente en El Almanaque y en otros espacios. También hizo locución, recorrió campamentos de escuelas del campo junto a Jorge Castel y formó parte de aquella radio que se hacía con entrega, incluso en los días en que el calendario parecía invitar al descanso.
A los 19 años realizó un curso de dirección de programas. Lo hizo incluso durante el embarazo, mientras continuaba descubriendo los secretos de un medio que terminaría conquistándola definitivamente.
Un día, la directora que estaba al frente de El Almanaque enfermó y le preguntó si se atrevía a asumir el programa. Gertrudys aceptó. Y desde entonces, aquel espacio quedó unido para siempre a su nombre.
Durante décadas fue construyendo una trayectoria en la que la dirección se convirtió en su verdadera pasión. Le gustaba imaginar el programa antes de llevarlo al aire: escoger la música, pensar los contenidos, cuidar los sonidos, los spots, cada detalle. También fue actriz y tiene su título de locutora, pero fue en la concepción de los programas donde encontró su mayor realización.
De sus manos salieron espacios como Esta es la historia —que transformó junto a un equipo creativo hasta convertirlo en un programa dramatizado reconocido y premiado—, Oficios del alma, Cita con la ciencia, Alegría dominical, luego La Descarga y Atrévete, un proyecto que creó, acompañó y dirigió durante muchos años.

Pero quizás una parte esencial de su aprendizaje estuvo en quienes la rodearon. Gertrudys habla de Alberto Pardo, Luis Pardo Sanabría, Miguel Pérez Rosabal y tantos otros profesionales que fueron escuela, ejemplo y familia radial. De ellos aprendió algo que no aparece en ningún título: la disciplina, la constancia, la dedicación y, sobre todo, el respeto por la radio.
Porque en Radio Surco no había domingos ni feriados cuando de cumplir con el oyente se trataba. También se trabajaba el 31 de diciembre, el primero de enero, el primero de mayo… La radio reclamaba presencia y ellos estaban allí.

Más de treinta años de su vida quedaron ligados a aquella emisora. En 2021 llegó a La Habana para continuar su camino profesional, pero hay raíces que ninguna distancia consigue arrancar. Radio Surco sigue siendo ese lugar donde comenzó a descubrir quién quería ser.
Hoy, desde la capital, Gertrudys mira hacia atrás y puede considerarse feliz y realizada. No porque haya sido fácil, sino porque consiguió algo que, según sus propias palabras, no todo el mundo alcanza: hacer aquello que verdaderamente ama.
Quizá por eso, cuando habla de la radio, no parece hablar de un trabajo. Habla de una parte de sí misma. De aquella muchacha de 19 años que un día se atrevió a dirigir un programa. De la joven que aprendió junto a los grandes. De la mujer que hizo de la disciplina una forma de vida y de la entrega una manera de entender el oficio. Y de una artista que, después de tantos años, sigue llevando dentro la voz, los sonidos, las historias y los afectos de aquella Radio Surco que la vio crecer.
Porque hay emisoras que transmiten. Y hay otras que forman vidas. Para Gertrudys, Radio Surco fue ambas cosas.
