Hace 67 años, un grupo de jóvenes del Directorio Revolucionario, al mando de José Antonio Echeverría, escribió una de las páginas más heroicas de nuestra historia: el asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj.
No buscaban otra cosa que despertar la conciencia de un pueblo sometido y acelerar el camino hacia la libertad plena. Aquella gesta del 13 de marzo de 1957, aunque saldada con sangre generosa, sembró una semilla de dignidad que jamás ha dejado de dar frutos.
Hoy, esa semilla sigue viva en cada joven cubano que asume el legado de aquellos muchachos que lo dieron todo por la patria.
En Ciego de Ávila, los universitarios de nuestra casa de altos estudios han recreado simbólicamente la toma de la Emisora Surco, no con armas, sino con la fuerza arrolladora de las ideas, la convicción revolucionaria y el amor por esta tierra. Es un gesto que nos recuerda que la historia no es un museo, sino un presente continuo que exige compromiso y acción.
Los jóvenes de hoy somos la continuidad de aquellos que en 1957 soñaron con una Cuba soberana, justa y digna. Somos herederos del ejemplo de José Antonio, de Fidel, de tantos mártires que nos enseñaron que la libertad se conquista cada día y que la Revolución se defiende en cada trinchera: en las aulas, en el trabajo, en el barrio, en las redes, en el pensamiento.
Defender la patria hoy no es solo recordar hazañas del pasado, sino mantener vivo el espíritu de rebeldía frente a cualquier amenaza, fortalecer nuestras conquistas sociales y construir, desde el presente, el socialismo próspero y sostenible que soñaron los fundadores.
La juventud cubana asume con orgullo esa misión: ser memoria viva, guardiana de la soberanía y arquitecta del futuro. Porque mientras haya jóvenes dispuestos a tomar la palabra y la trinchera, el legado del Directorio Revolucionario seguirá latiendo en el corazón de Cuba.
