Ser joven cubano hoy es caminar con dos brújulas: una en el corazón y otra en la historia. Es sentir el sol del Caribe y, a la vez, el fuego de una idea que nos precede y nos define. Es ser herederos de una lucha y arquitectos de un futuro. Es saber que nuestra voz tiene el eco de Maceo, la claridad de Fidel, y la responsabilidad inmensa de los que construyen ahora.
Ser seguidor de las ideas de Martí en el siglo XXI no es un ejercicio de memoria, es un acto de creación. Es ver en “con todos y para el bien de todos” el mandato de incluir , de escuchar, de sumar en cada aula, en cada residencia, en cada proyecto. Es traducir“Patria es humanidad” en solidaridad concreta, en mirada global y raíces firmes.
Es asumir»ser cultos, para ser libres», como la necesidad de dominar la ciencia, de cuestionar con fundamento, de crear arte revolucionario y de defender nuestra verdad con razones, no solo con pasión.
Ser joven martiano hoy es: tener la antorcha en la mano y los pies en la tierra. Soñar a lo grande, pero actuar donde estamos, con nuestra gente, estudiar con la voracidad de quien sabe que el conocimiento es la primera trinchera, defender la justicia, no como un concepto lejano, sino en el día a día: en la equidad y en la honestidad. Amar a Cuba con inteligencia: trabajando por lo que amamos, protegiendo la soberanía como un tesoro colectivo.
No somos la juventud del mañana. Somos la juventud del AHORA , con la urgencia de Martí en el alma y las herramientas del presente en las manos. Nuestro homenaje no es solo una marcha. Es cómo vivimos, cómo estudiamos, cómo nos unimos, cómo creamos. La Marcha de las Antorchas es el símbolo que enciende y renueva ese compromiso. Es el “¡Presente!” colectivo que gritamos cada día con nuestras acciones.
Somos los jóvenes que Martí imaginó: libres, cultos, activos. Y estamos construyendo, aquí y ahora, la Patria que él soñó.
Nos vemos en la marcha con la Antorcha Centenaria Antimperialista.
Tomado del perfil de Facebook de Kevin Marcos Delgado Álvarez
