En este momento estás viendo Pedro, la docencia más que una vocación

Pedro, la docencia más que una vocación

Pedro Castro Vázquez no habla de la docencia como un oficio. La nombra como un rumbo, como esa certeza que se instala antes de que uno mismo sepa nombrarla.

A los 17 años, en 1980, ya era maestro de primaria en la escuela Fermín Valdés Domínguez, del poblado camagüeyano de La Manuela, municipio de Céspedes. Allí, entre pupitres de madera y cuadernos rayados, empezó a tejer lo que hoy suma 46 años de entrega ininterrumpida.

Su formación, sin embargo, no se detuvo en aquella primera aula. Luego vino la licenciatura en el Instituto Pedagógico Agramontino, y con ella, el sostén teórico de una práctica que ya llevaba dentro.

Pedro reconoce que el germen de todo fue su etapa como monitor en cuarto grado: “allí entendí que enseñar es aprender dos veces”, suele decir.

Desde 2007, forma parte del colectivo de la Escuela Primaria Alfredo Miguel Aguayo, en Ciego de Ávila. En esa institución educativa, ha encontrado no solo un centro de trabajo, sino un espacio de realización personal y colectiva. En sus palabras, el optimismo y la voluntad no son consignas, sino herramientas de cada jornada.

De cara al curso escolar 2026-2027, Pedro se prepara con la misma energía de sus inicios. No concibe el retiro mientras haya un niño al que enseñar una letra o un problema que resolver entre risas y preguntas.

Admira profundamente a José de la Luz y Caballero y a José Martí, no como estatuas de bronce, sino como guías vivos de un magisterio que forma personas, no solo alumnos.

Su mayor estímulo, confiesa, sigue siendo la mirada de sus pequeños estudiantes. Pero también el respaldo de su familia y el aliento de sus compañeros de claustro.

Y hay una alegría que no cambia por ninguna otra: ver, con los años, a aquellos muchachos convertidos en profesionales, en obreros, en madres y padres útiles a la sociedad. “Eso —dice— es lo que me devuelve cada esfuerzo”.

Deja una respuesta