Los derechos ni se sancionan ni se censuran

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Foto: Ismael Batista Ramírez

Ni modelos familiares rígidos ni preestablecidos garantizan personas de bien, ni ciudadanos consecuentes con su tiempo. Si el pensamiento del hombre evoluciona, también debe hacerlo su postura frente a los derechos sociales

A mi vecino no lo consultaron sus hijos y nietos para vender la casa de sus padres. Para mis amigas –que llevan más de 15 años siendo pareja– no existe un documento legal que respalde los derechos de esa unión. Una conocida desea ponerle a su hijo el apellido del hombre con quien lo ha criado. Tras la salida del país de un matrimonio, los abuelos desean hacerse cargo, legalmente, de los pequeños que quedaron atrás… Los tiempos que vivimos requieren cambios de actitud y guardia por la igualdad y la justicia.

Los seres humanos –sin excepción- tenemos un origen familiar, raíces genealógicas que cuentan parte de nuestra historia personal, pero no la definen del todo. La sangre no es el único lazo que forma hogares seguros y felices. El gozo de las relaciones igualitarias, a lo interno de la familia y en el entorno social, no puede ser un privilegio exclusivo de las mayorías.

Ni modelos familiares rígidos ni preestablecidos garantizan personas de bien, ni ciudadanos consecuentes con su tiempo. Si el pensamiento del hombre evoluciona, también debe hacerlo su postura frente a los derechos sociales.

Conceptos como envejecimiento saludable, gestación solidaria, autodeterminación, responsabilidad parental, autonomía de las personas en situación de discapacidad, unión de hecho afectiva, multiparentalidad, cuidador familiar, y otros tantos matizan estos días decisivos que vive Cuba; para librarse de lastres que laceran la plenitud espiritual y material del pueblo que irá a las urnas este 25 de septiembre.

Ante la legalidad, es la Ley 156 publicada por la Gaceta Oficial. Ante el mundo es el nuevo Código de las Familias de Cuba, el primer país que somete un texto así a referendo legislativo. Para quienes vivimos en esta tierra, es la arrancada hacia una sociedad más inclusiva, más respetuosa, que no sanciona ni censura al amor, sino que, ofreciendo igualdad de oportunidades, sutura las heridas de hormas que ya no se ajustan a nuestros días.

Todos conocemos a alguien que ha estado esperando, por años, el respaldo y reconocimiento legal contenidos en esta normativa. Si de alguna manera no nos vemos reflejados en ella, es porque no hemos recorrido la totalidad de sus capítulos y acápites. Esta ley por la que votaremos es la certeza de una niñez feliz, la confirmación de una adultez plena y la garantía de una vejez digna.

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