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Llegó el Comandante y mandó a parar

«Desde que tuve aquellas noticias las seguí de cerca —aseguró Fidel Castro—; se dijo que alguna gente estaba lanzando piedras contra la policía y se hablaba también de algunos disparos. Bueno, se estaban produciendo provocaciones contra la policía en distintos lugares…» Y entonces sentenció: que no debía haber un solo tiro, y si había un muerto, quería que fuera él.

Aquel 5 de agosto de 1994, el líder de la Revolución cubana, junto al pueblo, se enfrentó a una protesta oportunista en el Malecón de La Habana. Con su chaleco antibalas y su entereza moral, alcanzó así otra victoria para la Revolución.

Fidel hizo frente a la situación porque entendía, como nadie, que la autoridad de un verdadero líder revolucionario se demuestra en los momentos de mayor peligro, allí donde el destino de la Patria se decide.

Por eso, el 5 de agosto de 1994 quedó inscrito en la memoria colectiva como el Día de la Fidelidad a la Patria: un símbolo no solo de lealtad hacia la figura de Fidel, sino del compromiso de los cubanos con su soberanía, su dignidad y el proyecto social que decidieron defender.

Hoy, como cada día, el imperialismo y su presidente, Trump, intentan asfixiarnos con sus sanciones recrudecidas para rendirnos por hambre y provocar un estallido social que les sirva de excusa para una intervención militar. Pero se equivocan, porque el pueblo cubano —y el avileño en particular— responde con firmeza ante estas situaciones excepcionales.

Hoy, cuando las voces del norte revuelto y brutal vuelven a alzar tambores de guerra, las palabras del Comandante en Jefe resuenan con más fuerza que nunca: «Todos los años tendremos el deber de recordar la gran victoria del 5 de agosto de 1994, en que el pueblo aplastó la contrarrevolución sin disparar un tiro, porque dice mucho esta fecha, enseña mucho y alienta mucho».

A más de tres décadas de aquellos sucesos, el legado de Fidel trasciende como lección permanente; por eso, no permitiremos que la manipulación oportunista de nuestra realidad fracture la unidad de los cubanos y el amor a la Revolución. Jamás le fallaremos a Fidel, y mucho menos en el año de su Centenario.

 

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