Especialistas del Centro de Investigaciones de Ecosistemas Costeros (CIEC), con sede en Cayo Coco, utilizan, por primera vez en Cuba, dispositivos de rastreo satelital para investigar sobre aves marinas
Especialistas del Centro de Investigaciones de Ecosistemas Costeros (CIEC), con sede en Cayo Coco, utilizan por, primera vez en Cuba, dispositivos de rastreo satelital (GPS) para investigar sobre aves marinas.
Con la información proporcionada, se pretende conocer a fondo sus hábitos alimenticios y hábitats de forrajeo, a fin de diseñar acciones de manejo y conservación más efectivas en las áreas protegidas marinas del país, así como contribuir al ordenamiento turístico y a la planificación pesquera sostenible.
Las aves marinas actúan como bioindicadores del estado de salud de los ecosistemas marinos, por lo que conocer sus movimientos y fuentes de alimento resulta clave para la gestión ambiental.
El doctor Antonio García Quintas, investigador agregado del CIEC, explicó que el proyecto continúa una serie de estudios iniciados en 2020 sobre aves marinas, con énfasis en los láridos –gaviotas y gallegos–. Hasta el momento, han publicado varios resultados relevantes en revistas científicas internacionales.
«Por primera vez para Cuba estudiamos este grupo con tecnologías de rastreo. Antes solo se hacían monitoreos e inventarios de colonias de cría, pero no se conocía casi nada sobre la ecología de la alimentación», señaló García Quintas.
El uso de rastreadores GPS ha permitido conocer con precisión dónde se encuentran los principales sitios de alimentación y evaluar la interacción de las aves con actividades humanas, como la pesca y el turismo. Esto abre la puerta a una planificación espacial marina más organizada y eficiente, que tribute simultáneamente a la conservación, el turismo sostenible y la explotación pesquera responsable.
El acceso a estos dispositivos fue posible gracias a la colaboración sostenida entre el CIEC y el Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo.
Aunque aún faltan datos por procesar, los primeros resultados ya revelan comportamientos contrastantes entre especies, como el de la gaviota Real y gaviota Sandwich, forrajeadoras costeras, pero se alimentan mar adentro, en la Bahía de Perros y en la plataforma insular de los cayos Jardines del Rey.
Otras dos especies: la gaviota Monja y la Monja Prieta, muestran una conducta de forrajeo oceánico. Crían en cayos cercanos a Cayo Guillermo y se desplazan a alimentarse hasta el Canal de Las Bahamas, a gran distancia.
Estos patrones cambian la perspectiva sobre el uso del espacio marino por parte de las aves. «A priori, los hallazgos apuntan a probables necesidades de mejora o modificación de las coberturas de las áreas marinas actuales. Si no protegemos las zonas de alimentación, la protección de las aves no es efectiva», subrayó el especialista.
El investigador reconoció que este grupo de aves había sido poco estudiado en Cuba debido a limitaciones logísticas y a la falta de expertos en los últimos años. Sin embargo, con la nueva tecnología y la alianza franco-cubana, se prevé continuar el trabajo iniciado hace dos años para obtener datos suficientes y fiables que respalden decisiones de manejo.
El estudio no solo analiza las rutas de los adultos, sino también los tipos de presas que llevan a los pichones, lo que permite conocer con mayor detalle su dieta y su dependencia de ecosistemas específicos. (El acceso a los dispositivos ha sido posible gracias a la colaboración del Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo. (Autor: Ortelio González Martínez)
