- El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, impartió la conferencia inaugural del I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, en la cual recorrió la vida, el pensamiento y la vigencia del Comandante en Jefe
Fidel sigue iluminando cada palmo de nuestra lucha y, en su centenario, existe la convicción de que sus ideas no morirán jamás. Es esa la certeza que late entre los participantes del Primer Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, que fue inaugurado este lunes con la presencia del Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
Y fue justamente uno de los mejores discípulos del Comandante en Jefe quien, ante más de 1 500 asistentes de 63 países en el Palacio de Convenciones, impartió la conferencia magistral que abrió las cortinas del Coloquio. El Presidente cubano, que conoció de cerca al gigante de pueblo que fue Fidel, habló en su ponencia del hombre que marcó el siglo XX y nos guía hoy en las horas más difíciles.
Díaz-Canel agradeció a todos los hombres y mujeres del mundo que se han juntado en La Habana, pese a bloqueos y amenazas, para honrar a un cubano de talla universal. No existe mayor monumento a Fidel, les dijo, que ustedes estén aquí hoy.
Los convocó a estudiar el pensamiento del Comandante en Jefe en estos tiempos, porque su vida de gigante lo amerita. Preservar las conquistas del socialismo y romper todos los cercos posibles es el primer homenaje que le hacemos al eterno Líder, añadió.
El Jefe de Estado recordó la vida del hombre que puso a Cuba en el mapa del mundo con una lucha que se prendió aquel 26 de Julio de 1953. Se refirió también al país sufrido que existía antes del triunfo de 1959, donde disponían los monopolios y existía un estatus neocolonial de dependencia a Estados Unidos. Pero la historia cambió radicalmente hasta mostrar hoy, dijo, a pesar del recrudecimiento del bloqueo, logros innegables desde lo social.
Todo eso ha tenido un nombre: Fidel Castro Ruz. De él, recordó también su estatura de estadista universal, pues su legado nos interpela a diario. «Nos enseñó la lección de que el socialismo es la única vía para salvar la humanidad; que la unidad entre revolucionarios es más importante que cualquier diferencia», apuntó.
En sus palabras, resaltó que Fidel fue un estudiante incansable, un estratega que avizoraba el futuro y nos dejó un legado de coherencia para la historia. Díaz-Canel también evocó sus dotes internacionalistas y solidarias, donde mostró su visión de excepcional estratega militar, y, de igual forma, la humanidad que rodeaba su figura al priorizar el envío de médicos y no bombas, por todo el planeta.
Fidel fue un hombre pueblo, de ello no cabe dudas. Y lo demuestra, apuntó, su vínculo permanente con la gente, pero también, su visión para llevar adelante una campaña de alfabetización a inicios de la Revolución, consolidar un sistema educativo de primer mundo y un sistema de salud para todos.
A pocas horas de celebrar su centenario, comentó Díaz-Canel, es necesario tenerlo más presente que nunca. «No es casualidad que en el año de su centenario, Washington haya incrementado su amenaza contra Cuba», agregó. Hoy el Gobierno estadounidense pretenden fracturar nuestra unidad y arrecia la guerra sicológica contra la Mayor de las Antillas, buscando el tan anhelado por ellos estallido social.
El Jefe de Estado reiteró ante los participantes, datos contundentes sobre el impacto demoledor del cerco energético y de las dos órdenes ejecutivas firmadas por Trump en nuestra gente. Sin embargo, se han topado con un país resiliente, que batalla duro e, incluso, ha seguido enviando médicos a los países más pobres, apuntó.
El bloqueo, dijo luego, constituye un acto de guerra contra una pequeña Isla; a un pueblo que sufre hoy las carencias más duras posibles.
El Presidente cubano repasó en cifras los profundos impactos de un genocidio milimétricamente calculado contra el sector energético, la salud, la educación y otras áreas vitales del país. Sin embargo, enfatizó que las presiones no han logrado ni lograrán doblegar al pueblo cubano: «La resistencia no es pasiva, es activa». El dignatario también recalcó que la inteligencia colectiva siempre será mayor que cualquier dinero del imperio.
Díaz-Canel enfatizó que ninguna carencia material ha logrado apagar la llama de la solidaridad, pues la estructura socialista está concebida para proteger al ser humano, incluso bajo condiciones de asedio total.
Por un lado, expuso el severo impacto del bloqueo económico, traducido hoy en apenas un 30 por ciento de disponibilidad en el cuadro básico de medicamentos, una presión imperial extrema hacia las empresas navieras para impedir la llegada de insumos vitales, así como los constantes embates de la inflación, la escasez de combustible y los apagones.
Sin embargo, frente a esa política de privación, contrapuso las conquistas que la Revolución sostiene a fuerza de compromiso y justicia social: la incorporación este año de 30 185 jóvenes universitarios listos para servir al país, entre los cuales se cuentan 735 profesionales procedentes de 62 naciones —incluidos 23 médicos palestinos y cinco estadounidenses formados en las aulas cubanas—. Todo ello, subrayó, como muestra de la defensa de un modelo estatal que asegura que los medios de producción sigan en manos del pueblo, rechazando cualquier fórmula de privatización a ultranza.
Estamos aquí porque el pensamiento de Fidel es la brújula que tenemos para salir adelante, añadió. Y como muestra de que Cuba no anda de brazos cruzados, el Jefe de Estado reflexión sobre las transformaciones económicas y sociales recién aprobadas por el Parlamento cubano, que, según explicó, no significan bajo ningún concepto un retroceso en el camino del socialismo.
Al evocar el legado del Comandante en Jefe, afirmó que Fidel no es solo un patrimonio nuestro, le pertenece al mundo, a todos. Fue entonces cuando Díaz-Canel formuló a los participantes tareas estratégicas para estos tiempos:
La primera llama a difundir la verdad rompiendo el monopolio mediático y combatiendo el analfabetismo tecnológico para visibilizar tanto las carencias como las conquistas de la Isla. La segunda convoca a articular redes efectivas que trasciendan el discurso y se traduzcan en campañas concretas contra el bloqueo, la cooperación científica y el comercio justo.
Como tercera premisa se instó a profundizar el pensamiento crítico, recordando que Fidel dejó preguntas abiertas para que las nuevas generaciones aporten respuestas en materia de poder popular digital, autonomía territorial y cambio climático. Por último, la hoja de ruta enfatiza la necesidad de fortalecer la unidad, superando divisiones secundarias dentro de los movimientos progresistas para concentrar el esfuerzo colectivo en la lucha contra el imperialismo.
«El futuro no está escrito», sentenció Díaz-Canel ante el plenario. «Sí, el imperio es poderoso, pero la historia está del lado de los pueblos. Cada acto de supervivencia diaria es una victoria anticipada contra la asfixia. Se demuestra en cada niño que aprende a leer, en cada campesino que cultiva con agroecología, en cada científico que investiga sin patentes mercantiles y en cada madre que defiende a sus hijos en un país de paz».
Del vínculo cercano entre el Comandante en Jefe y las nuevas generaciones, recordó las tantas tareas de la Revolución que Fidel depositó en los jóvenes. El reto en lo adelante es inmenso, pero no hay desafío que las juventudes no puedan enfrentar, catalogó. Para sintetizar la confianza depositada en las nuevas generaciones, ratificó la vigencia de las palabras de Fidel al afirmar que creer en los jóvenes es ver en ellos responsabilidad, pureza y heroísmo.
El centenario de Fidel, dijo, debe ser hoy otro punto de partida. De su escuela me ha marcado la lealtad, el ejemplo y la sensibilidad con los más necesitados, añadió. Es por ello que, apuntó al final de sus palabras, que «Fidel es un país, Fidel es Cuba».
