El Martí después del Saratoga, sobrevida de un teatro

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Es viernes 6 de mayo de 2022 en Cuba y antes de las 10:51 am, en La Habana transcurre con normalidad un día cualquiera de la primavera.

Justo a esa hora una explosión en el hotel Saratoga, situado en el céntrico Paseo del Prado capitalino, esquina a Dragones, cambió el curso de los acontecimientos y todo un archipiélago depositó sus miradas, esfuerzos y esperanzas durante seis jornadas que parecían interminables.

Los destrozos del trágico accidente alcanzaron a las viviendas, centros escolares, instituciones religiosas y espacios culturales más próximos al inmueble, pero en solo cuatro meses el trabajo intenso en esas calles antes desandadas por numerosos habaneros, cubanos y foráneos, devolvió a varios de esos sitios su esplendor habitual.

Uno de esos lugares, el teatro Martí, reabrirá este 11 de septiembre, justo para celebrar el aniversario 80 del natalicio del eterno historiador de la ciudad, Eusebio Leal Spengler.

Roxana Peña Díaz es una joven arquitecta que narró en exclusiva para la Agencia Cubana de Noticias acerca del panorama que encontraron en el llamado Coloso de las cien puertas al día siguiente del accidente.

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«Hallamos el teatro hecho un desastre desde la mitad de la marquesina hacia la parte trasera y vimos que la carpintería se había venido abajo», contó.

«Todas las puertas hubo que taparlas con planchas de plywood porque no quedó ni una, y la zona de la izquierda, donde se ubican una de las taquillas y la cafetería, fue la más afectada», detalló Peña Díaz.

Nercy Sánchez Ricardo, arquitecta y especialista principal del Grupo Prado de la Dirección de Inversiones de la Oficina del Historiador de La Habana (OHC), lideró desde mayo hasta la fecha la obra de restauración del teatro.

Sobre la carpintería precisó que se perdió prácticamente en su totalidad, resultando más dañada la de la zona frontal.

«Los destrozos en la marquetería de madera, que ya se encuentra totalmente restaurada, ocurrieron de diversas maneras, porque en lugares más lejanos donde pensamos que no habría afectaciones el estallido sacó puertas de sus marcos y hubo que reajustarlas», señaló Sánchez Ricardo.

Detalló que el Martí consta de tres niveles y se encontraron daños en cada uno de ellos, pero el proceso de rehabilitación de la cubierta resultó el más complejo.

«La cubierta es de su fabricación original, la cual que fue restaurada en 2013 luego de permanecer cuatro décadas cerrada la institución, pero tras la onda expansiva de la explosión de mayo del presente año esa estructura quedó movida», explicó la especialista.

«Al moverse la cubierta -precisó- las cerchas que la soportaban también sufrieron roturas y en las vigas de madera (11 en total) se encontraron agrietamientos y partiduras por sus pernos, por lo cual hubo que sustituirlas».

Los primeros días del mes de junio trajeron consigo intensas lluvias queintensificaron los daños diagnosticados en el Martí: «Tuvimos mucha entrada de agua por la cubierta, situación que se solucionó a partir del uso de impermeabilizantes», expresó Sánchez Ricardo.

«Como consecuencia de las precipitaciones se afectaron, además, los falsos techos del teatro, puesto que el agua penetró también a través de las uniones o empates de esos techos que por la explosión se movieron de su lugar», apuntó.

La arquitecta puntualizó que «los falsos techos se componen de yeso y papel, materiales que cuando entran en contacto con el agua se deshacen» y afirmó que, en ese sentido, se montará una lona debajo de la cubierta que permitirá mitigar los efectos de eventos climatológicos como las lluvias.

No solo esa techumbre del tercer piso quedó destrozada, sino que los del primero y segundo, incluyendo los de los servicios sanitarios de ambos y las molduras de los registros de fumigación de la instalación, fueron objeto de una minuciosa restauración.

La especialista del Grupo Prado contó cómo, por el accidente, el pretil y el muro del último nivel, a pesar de ser de ladrillos, se destruyeron por el impacto de una rejilla de alcantarillado que voló hacia uno de los tubos que sostienen la marquesina y rebotó hacia esa zona.

Los elementos decorativos de esa edificación neoclásica, por estas fechas, están listos para aportarle al colosal monumento la elegancia todo su esplendor.

«La lámpara cocuyera la restauró el Gabinete de Restauración de la OHC, institución que intervino en todas las lámparas decorativas, los apliques y florones grandes (ubicados alrededor de las luminarias) y pequeños que se afectaron cuando la carpintería de los baños se hizo añicos», afirmó Sánchez Ricardo.

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