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CIRCÁVILA 2026: la magia que cerró con broche de oro

Del 31 de julio al 2 de agosto, el Teatro Principal de Ciego de Ávila fue escenario de la X Jornada del Arte Circense, un festival que se consolida cada edición como uno de los eventos de mayor factura artística en el panorama cultural cubano actual. Y si algo demostró su función de cierre es que el público avileño no solo asiste al circo: lo habita, lo celebra, lo hace suyo

El domingo final, el coliseo avileño —recién restaurado— exhibió una imagen que sus propias paredes casi centenarias no recordaban: los tres niveles del inmueble colmados, familias completas de pie en los palcos superiores, varias generaciones compartiendo butaca.

No fue solo una cifra de asistencia; fue un termómetro del vínculo entre esta ciudad y el arte del circo, un vínculo que tiene raíces profundas: Ciego de Ávila ha sido, por tradición, una de las principales canteras de la Escuela Nacional de Circo, y no pocos de sus egresados —ante las circunstancias que atraviesa el país— regresaron a su provincia natal para culminar aquí su formación.

Ellos fueron, sin dudas, uno de los eslabones que sostuvo el nivel artístico de esta Jornada.

Haliom y el ilusionismo como columna vertebral 

Si hay un hilo conductor que atravesó las cinco funciones, ese fue la magia. La compañía Haliom, con 12 años de trayectoria, estrenó con rotundo éxito su espectáculo “Gente con Swing”, donde el ilusionismo no funcionó como intermedio ni como relleno entre número y número, sino como eje dramatúrgico de cada puesta.

El director de la compañía, acompañado de su joven relevo generacional, condujo al público por un repertorio clásico pero bien ejecutado: la aparición y desaparición en el tonel de terciopelo; la jaula que revela y esconde una paloma; la transformación instantánea de vestuario resuelta con la complicidad exacta entre ambos artistas y el cierre, bajo la tela dorada, rematado por la sombrilla, imagen que condensó buena parte del encanto de la velada.

Ese relevo generacional dentro del propio número —el maestro y su discípulo compartiendo la misma tarima— funciona casi como metáfora de lo que significa CIRCÁVILA para la provincia: una tradición que se sostiene porque se transmite.

Hay algo más, sin embargo, que trasciende la anécdota del truco bien resuelto. Si para la narrativa hispanoamericana Alejo Carpentier acuñó la fórmula de “lo real maravilloso” —esa capacidad de lo cotidiano latinoamericano para contener en sí mismo lo prodigioso, sin necesidad de forzar la fantasía—, algo equivalente puede leerse en la tradición circense avileña dentro del mapa de las artes escénicas cubanas.

No se trata de una fantasía importada ni de un artificio ajeno a la realidad del espectador: el asombro que produce Haliom sobre la tarima del Teatro Principal nace de la misma sustancia que nutre la resiliencia, la fe y la esperanza de un pueblo que ha aprendido a convivir con la escasez sin renunciar al deslumbramiento. Es, en ese sentido, un “real maravilloso” hecho cuerpo, gesto y oficio.

Pero esa fórmula carpenteriana entra aquí en un diálogo particular —y original— con el método del realismo mágico, aquel otro procedimiento narrativo que, a diferencia de Carpentier, sí introduce deliberadamente el elemento fantástico como recurso técnico dentro de una trama realista.

El ilusionismo de Haliom opera exactamente en esa bisagra: por un lado, es expresión genuina de una espiritualidad y una cultura populares —lo real maravilloso—; por otro, es también artificio consciente, técnica calculada al milímetro para producir el efecto de lo imposible —el procedimiento del realismo mágico—.

La paloma que aparece en la jaula, el cuerpo que se esfuma bajo la tela dorada, no pretenden ser leídos como milagro genuino ni como simple truco de salón: son ambas cosas a la vez, y en esa tensión fértil, no resuelta, radica buena parte de la potencia estética del espectáculo circense avileño.

CIRCÁVILA, en su mejor versión, no elige entre lo mágico como sustancia cultural y lo mágico como oficio: los funde, y de esa fusión —tan cubana— extrae su sello más distintivo.

Un homenaje la víspera del cierre

La noche del sábado 1ro. de agosto, en el patio de la Casa del Joven Creador, la Asociación Hermanos Saíz y el Consejo Provincial de las Artes Escénicas ofrecieron un reconocimiento a los integrantes de Haliom y a los estudiantes de la Escuela Nacional de Circo que participaron en la Jornada, así como a las agrupaciones que respaldaron el proyecto.

La velada, animada por Ibero Dance —con una propuesta de danza contemporánea que incorporó elementos acrobáticos afines al lenguaje circense— y por el Guiñol Polichinela —cuya animación de títeres, con un registro más adulto y cabaretero, sorprendió por su expresividad—, sirvió, también, como tributo al centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz, marco conmemorativo que ha acompañado buena parte de la agenda cultural avileña este verano.

Un oasis en tiempos de carencia

CIRCÁVILA 2026 llega en un verano atravesado por dificultades materiales, por el peso cotidiano del bloqueo, por las tensiones que todo cubano reconoce sin necesidad de enumerarlas. Y sin embargo, el festival ha vuelto a demostrar que el arte —y en particular el circo, con su cuota irrenunciable de asombro— sigue siendo un espacio de resistencia espiritual.

La magia de Haliom, las acrobacias de los estudiantes avileños, la fiesta compartida en la Casa del Joven Creador: todo apunta en la misma dirección. Ciego de Ávila no solo alberga el circo cubano; lo piensa, lo cuida y, cada agosto, lo celebra.

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