Con profunda devoción patriótica y el pesar que embarga a toda una nación, el heroico pueblo de Ciego de Ávila se congregó este martes en la sede del Gobierno Provincial para rendir el póstumo y merecido homenaje al Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez, quien partió a la inmortalidad el pasado domingo 21 de junio, a la edad de 94 años.
La interminable y sentida marcha de avileñas y avileños constituyó la más elocuente demostración del respeto y la admiración que despierta quien atesorara una hoja de servicios a la Patria tan brillante como extraordinaria, escrita con tinta de coraje y sacrificio.
El solemne acto de recordación estuvo presidido por el compañero Julio Heriberto Gómez Casanova, Primer Secretario del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba en Ciego de Ávila, y el Gobernador Alfredo Menéndez Pérez, quienes encabezaron el tributo de un pueblo que no olvida a sus hijos más ilustres.

Las sagradas notas de nuestro Himno Nacional resonaron con inusitada fuerza, como un clamor del alma colectiva, para dar el último adiós al Comandante, porque —como sentenció el Apóstol— «la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida».
Máxima que patentiza el legado imperecedero de un hombre que se entregó por entero, sin reservas ni claudicaciones, a la obra magna de la Revolución.
Los integrantes del Ministerio del Interior en el territorio avileño, con el uniforme que honra la memoria de su fundador, expresaron sus más sentidas condolencias y el eterno reconocimiento al Comandante, quien fuera uno de sus jefes más queridos y respetados a lo largo de estos 65 años de historia gloriosa.

Estudiantes, combatientes con sus medallas brillando en el pecho, trabajadores de las más diversas trincheras, representantes de las organizaciones políticas y de masas, junto a una nutrida representación del pueblo en general, reconocieron en la figura del Comandante Valdés la síntesis perfecta de la rebeldía, la lealtad inquebrantable y la dignidad erguida que han caracterizado a la Revolución Cubana durante más de seis décadas de resistencia y victoria.
Cada uno, en absoluto silencio, con el corazón latiendo con más fuerza que lo habitual, rindió tributo con la convicción martiana de que la muerte es apenas un tránsito para quienes siembran de luz el camino de la Patria. Ramiro Valdés se mantuvo hasta el último de sus días en una entrega total a la tierra que lo vio nacer y a la causa que lo hizo gigante. Su ejemplo, como guía y estandarte, permanecerá entre nosotros mientras haya cubanos dispuestos a defender lo conquistado.

El homenaje póstumo al Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, en la sede del Gobierno Provincial, culminó con la guardia de honor —esa custodia del alma que solo se brinda a los inmortales— en reconocimiento a quien estuvo siempre en la primera línea de combate, al lado del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y del General de Ejército Raúl Castro Ruz, compartiendo con ellos los días más difíciles y las victorias más gloriosas.
Ramiro Valdés Menéndez no ha muerto: se ha multiplicado en cada avileño que, como él, lleva la Patria en el corazón y la estrella solitaria en la frente.
Trayectoria de entrega absoluta
Nacido el 28 de abril de 1932 en Artemisa, en el seno de una familia humilde de extracción obrera, Ramiro Valdés forjó desde muy joven una conciencia política que, como acero al rojo vivo, lo llevó a la lucha clandestina contra la dictadura sangrienta de Fulgencio Batista.
Con apenas 21 años —edad en la que otros sueñan con el porvenir, y él ya lo construía— participó en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, acción que le costó el cautiverio en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, donde no doblegó su espíritu.
Fue uno de los 82 expedicionarios del yate Granma, desembarcando el 2 de diciembre de 1956 para iniciar la guerra libertadora en la Sierra Maestra. Bajo el mando directo de Fidel, combatió en la Columna 1 «José Martí», y en 1958 integró la Columna Invasora No. 8 «Ciro Redondo», al mando del Che Guevara, siendo decisivo en la liberación de Villa Clara y en la Batalla de Santa Clara, que selló la caída de la tiranía.
Luego del triunfo revolucionario, Ramiro Valdés asumió la alta responsabilidad de fundar y dirigir la seguridad cubana como Jefe de la Policía Nacional Revolucionaria y posteriormente como Ministro del Interior en diferentes etapas, siempre con mano firme y corazón leal.
Fue fundador del Partido Comunista de Cuba, miembro de su primer Comité Central en 1965 y del Buró Político desde el I Congreso en 1975, forjando desde las altas esferas el destino de la nación.

Legado eterno
Como Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y posteriormente como Viceprimer Ministro, contribuyó de manera decisiva a la implementación de los programas económicos y sociales del Gobierno Revolucionario, con la mirada siempre puesta en el bienestar del pueblo.
El Consejo de Estado le confirió el título honorífico de Héroe de la República de Cuba y le impuso la Orden Máximo Gómez de Primer Grado, entre otras altas condecoraciones, que no son sino el reflejo de una vida consagrada a la defensa de la soberanía y la justicia social.
