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Ciego de Ávila conmemora aniversario 48 de la masacre de Cassinga

En una solemne y emotiva ceremonia con ofrendas florales en el panteón de los caídos por la defensa, Ciego de Ávila conmemoró este lunes el aniversario 48 de la masacre de Cassinga, donde rindió homenaje a los ocho avileños que cayeron en aquella acción ocurrida el 4 de mayo de 1978.

El acto estuvo presidido por Julio Heriberto Gómez Casanova, primer secretario del Partido en la provincia, y Alfre Menéndez Pérez, gobernador.

Durante la ceremonia, Lebbius Tangeni Tobias, embajador de la República de Namibia en Cuba, expresó su profundo respeto hacia los caídos y reconoció su valentía, arrojo y altruismo al ofrendar su vida por personas que nunca conocieron.

Por su parte, el combatiente internacionalista Pascual Corbea Jiménez reseñó los sucesos de aquella jornada y enalteció la valentía de los cubanos que perdieron la vida en defensa de la hermana nación africana.

Más allá del recuerdo, la conmemoración de este aniversario representa para Ciego de Ávila y para Cuba un símbolo de coherencia internacionalista y de hermandad inquebrantable con África.

Aquel 4 de mayo de 1978, fuerzas del Ejército sudafricano, en plena era del apartheid, atacaron por sorpresa el campo de refugiados de Cassinga, en el sur de Angola, donde se encontraban asesores cubanos colaborando con la independencia de Namibia.

La caída de los ocho avileños —junto a más de 600 namibios y una veintena de cubanos en total— no fue un hecho aislado, sino parte de la esencia solidaria de la Revolución Cubana: defender la libertad de otros pueblos como si fuera la propia.

Cassinga es, por tanto, una herida abierta que recuerda el costo humano del apartheid, pero también una bandera de dignidad que evidencia cómo un país pequeño del Caribe enfrentó al racismo institucionalizado en África Austral.

Para Namibia, la presencia y el sacrificio cubano fueron determinantes para lograr su independencia en 1990. Para Cuba, Cassinga es una página de honor en el libro del internacionalismo. Y para Ciego de Ávila, sus ocho hijos caídos representan el rostro más auténtico del pueblo cubano: la del que no duda en dar la vida por causas justas, aunque sea lejos de su tierra.

Al depositar ofrendas florales en el panteón de los caídos por la defensa, la provincia no solo honra a sus mártires, sino que reafirma su compromiso con la memoria, la justicia histórica y la vigencia de ideales que trascienden generaciones.

 

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