Che Guevara siempre en la memoria mundial

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El argentino-cubano Ernesto Guevara de la Serna (1928-1967) es uno de los más brillantes latinoamericanos del siglo XX y a 55 años de su asesinato en Bolivia, la vigencia de esta figura trasciende a la humanidad.

El rostro joven, rebelde y profundo, de principios de los 60, captado por la fotografía en la plenitud de sus años, recorrió el mundo entero en el resto del siglo XX, y es también referente para las presentes y futuras generaciones.

Irradian luz su pensamiento y palabra certera en discursos públicos, crónicas históricas, enfoques y análisis políticos y económicos, en diversos foros de Cuba, otros países del Tercer Mundo y Naciones Unidas.

Médico alergista, su vocación social lo llevó a recorrer gran parte de Nuestra América y a vivir la experiencia del proceso progresista encabezado por el presidente Jacobo Árbenz en Guatemala, donde conoció al cubano Antonio (Ñico) López, quien ya en México lo puso en contacto con la Revolución Cubana.

Allí conoció al joven líder del Movimiento 26 de Julio, Fidel Castro, y esa noche ya quedó enrolado como médico en la futura expedición del yate Granma.

En el bautizo de fuego en Cuba, el 5 de diciembre de 1956, hizo una elección que de cierta manera marcó su destino. Entre una mochila llena de medicamentos y una caja de balas -demasiado peso para transportarlas juntas- resolvió el dilema tomando la segunda.

Sus compañeros le apodaron Che y, además de médico, fue pronto un destacado guerrillero. Se ganó el primer ascenso a comandante dado en la Sierra Maestra y mandó la segunda columna constituida -la cuatro por cuestiones tácticas.

Al frente de la Columna Ocho Ciro Redondo, realizó la invasión y campaña rebelde en Las Villas (segundo semestre de 1958).

Fue al mismo tiempo uno de los héroes del proceso revolucionario, brillante cronista y original teórico en sus enfoques políticos, económicos y sociales.

Admirado sobre todo por los jóvenes, inspiró la creación de las organizaciones juveniles y de pioneros, y su imagen aparece en el emblema de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

En su etapa cubana logró coherencia entre los enfoques propios y la experiencia anterior -argentina y americana-, y evolucionó hacia una proyección humana superior, con valores regionales y universales.

En 1959, con 30 años de edad, fue declarado cubano por nacimiento, un honor que mereció para siempre.

El gran guerrillero, sin dejar de serlo, acometió la construcción de la sociedad cubana en diversas y numerosas tareas, entre ellas como presidente del Banco Nacional y ministro de Industrias. Tuvo una fe infinita en los valores morales y en la transformación de la conciencia humana.

En la frescura de las ideas y el atractivo del hombre puro que era, radica en gran medida su carisma, acompañado de una enorme vocación humanística y de servicio a la causa bolivariana.

“Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del partido, de mi puesto de ministro, de mi grado de comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos”, escribió en la carta de despedida leída por Fidel públicamente el 3 de octubre de 1966.

“Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos… llegó la hora de separarnos… Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor; aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… y dejo un pueblo que me admitió como su hijo”.

CONSECUENTE CON SUS IDEAS

El Che era consecuente con sus ideas, como escribiera a los padres al despedirse de ellos por última vez, consciente de que podría ser el adiós definitivo, dentro del cálculo lógico de probabilidades.

«Una voluntad que he pulido con delectación de artista, sostendrá unas piernas flácidas y unos pulmones cansados. Lo haré». «Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades”.

En la fecha del último cumpleaños escribió en su Diario de Campaña en Bolivia: «He llegado a los 39 y se acerca inexorablemente una edad que da qué pensar sobre mi futuro guerrillero; por ahora estoy «entero». Era el 14 de junio de 1967, aniversario de su nacimiento en Rosario, Argentina, en 1928.

Cayó en manos del enemigo, herido y su arma inútil, combatiendo en La Higuera, Bolivia, el 8 octubre de 1967, y horas después fue fríamente asesinado.

El presidente estadounidense, Lyndon B. Johnson, fue avisado por su asesor Walt Rostow, con un memorándum urgente, que el Che estaba preso en Bolivia.

El dictador boliviano René Barrientos recibió del embajador estadounidense Douglas Henderson la orden de muerte del Che.

Félix Rodríguez Mendigutia (La Habana, 1941), coronel de la CIA conocido como “El Gato”, quien viajó a Bolivia a principios de agosto de 1967 para asesorar la captura del Che, en la mañana del 9 de octubre llegó en helicóptero a La Higuera para ejecutar la orden de Washington y antes maltrató al prisionero.

Rodríguez obligó al sargento boliviano Jaime Terán a dispararle por debajo del cuello para que pareciera muerto en combate y tras dos intentos, éste lo mató. El Gato también descargó su arma sobre el cadáver. El cuerpo fue enterrado clandestinamente en Vallegrande, Bolivia.

El mundo se conmovió nuevamente con noticias sobre Che Guevara cuando sus restos, localizados, a mediados de 1997, en Bolivia, fueron identificados y trasladados a Cuba, finalmente, el 12 de julio.

Permanecen hoy en la ciudad de Santa Clara, donde en un memorial se honra a su eterno héroe, desde el 17 de octubre de 1997, tras sentida y solemne ceremonia de homenaje nacional.

LA OBRA DEL CHE

Sus manuscritos, obra documental y gráfica forman parte de la Memoria del Mundo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en cuyo registro fue inscrita el 18 de junio de 2013.

Se trata de mil siete documentos, de la adolescencia y juventud, hasta 1967.

Comprenden el diario de su viaje en motocicleta por Suramérica junto a su amigo Alberto Granado (1922-2011), documentos de la lucha revolucionaria en Cuba, África y Bolivia, entre ellos, 431 manuscritos del Che.

También 567 escritos sobre su vida y obra, un valioso material, e iconográfico, filmográfico, cartográfico y objetos museables.

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