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Armando Alfonso Padilla, seis décadas entre versos y repentismo

El poeta y repentista Armando Alfonso Padilla nació hace 80 años en La Jacinta, en la provincia de Ciego de Ávila. Desde muy joven, su vida quedó vinculada al verso y a la improvisación, una expresión artística que requiere ingenio y dominio de la palabra.

Su trayectoria profesional comenzó en 1968. Desde entonces, ha llevado la música campesina a públicos de distintos lugares del país y ha compartido con generaciones de amantes de la décima y el repentismo. Durante 30 años integró la agrupación Parranda Guajira y posteriormente formó parte de Campo Lindo, además de colaborar con otras agrupaciones. Esa experiencia le permitió recorrer numerosos escenarios y afianzar su vínculo con una tradición que constituye una parte importante de la identidad cultural cubana.

El repentismo tiene en la palabra improvisada su principal desafío: cada verso exige escuchar, pensar y responder con agilidad, sin perder la musicalidad ni la emoción. Armando ha cultivado muy bien ese arte y ha contribuido, con su presencia y su trabajo, a mantener viva la música campesina en Ciego de Ávila.

Asegura que la preparación cultural es determinante en la formación de un buen poeta. La inspiración, considera, necesita acompañarse de conocimientos y de un aprendizaje continuo.

También observa con preocupación el estado actual de la música campesina. Su inquietud pone de relieve la importancia de respaldar las expresiones tradicionales y crear espacios para su difusión. Valora positivamente el trabajo de la Casa de la Décima Raúl Rondón, institución que contribuye a promover la décima y el repentismo.

A sus 80 años, conserva las fuerzas para seguir aportando a la cultura. Su recorrido, construido entre agrupaciones, escenarios y versos, es un ejemplo de perseverancia y amor por la tradición campesina.

Cubano de pura sepa, no olvida su encuentro con el Comandante Camilo Cienfuegos en 1958, en La Jacinta, durante el paso de la invasión hacia el Occidente del país. Allí le solicitó al guerrillero su incorporación a la columna, pero este la denegó al ser Armando un niño. Sin embargo, 67 años después conserva en su memoria aquel acontecimiento como el primer día.

 

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