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Antonio: vivir para servir

Hay hombres que no necesitan presentación… porque su historia se cuenta sola. Hombres que llevan casi toda una vida dejando huellas, no con palabras, sino con trabajo.
Hoy quiero hablarte de uno de ellos.

La vida de Antonio Eduardo Aguilera Franco es una lección profunda de compromiso, sacrificio y entrega absoluta al trabajo y a la familia. Con 83 años y casi seis décadas de servicio, forma parte de ese grupo de personas cuya grandeza no necesita reconocimiento para ser evidente.

Su historia comenzó en una mina de yeso en Punta Alegre, donde aprendió el valor del esfuerzo y del deber. Aunque pudo estudiar Minería, el destino lo condujo hacia la construcción, oficio al que dedicó su vida con disciplina y orgullo.

A lo largo de su trayectoria participó en tareas de enorme responsabilidad, como la construcción de un aeropuerto internacional en San Vicente y las Granadinas, y en operaciones complejas de movimiento de tierra, voladuras y demoliciones —entre ellas, la chimenea histórica del antiguo Central Velasco.

Su profesionalidad, constancia y valor lo hicieron merecedor de reconocimientos como la Orden Lázaro Peña y el título de Vanguardia Nacional durante 28 años, además de ser fundador de la ANIR. Pero para él, más que las medallas, lo que cuenta es la conducta: disciplina, humildad y esa “vergüenza” que impulsa a cumplir con lo que corresponde.

Antonio ha vivido también pérdidas dolorosas, como la muerte de su esposa, y enfrenta problemas de visión por cataratas. Sin embargo, nunca ha abandonado su sentido de responsabilidad, ni el cariño hacia sus dos hijas, ni su compromiso con el lugar donde vive. Él mismo asegura que no piensa retirarse, porque su vida está ligada al trabajo que ha dignificado durante tantos años.

Incluso ante situaciones difíciles, como la recuperación tras el huracán Melissa, Antonio y muchos trabajadores de su sector volvieron a demostrar que su entrega sostiene a las comunidades y fortalece la reconstrucción del país.

Su historia es, en esencia, un ejemplo de amor: amor a la familia, amor al deber y amor a la tierra que ha ayudado a levantar con sus propias manos. Antonio no busca aplausos, solo cumple. Y en ese cumplimiento firme, silencioso y constante, ha construido un legado que trasciende cualquier obra física. Es la prueba de que el trabajo, cuando se hace con corazón, puede convertirse en una forma de vida y también en una forma de servir.

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