Cuando el Consejo Provincial de Gobierno de Ciego de Ávila aprobó el Proyecto de Desarrollo Local CostÁvila, surgió la esperanza de devolver a la capital provincial su notoriedad de ciudad limpia y ordenada.
Esta iniciativa innovadora creó un colectivo de trabajadores, dotados de los útiles necesarios, para asumir la limpieza de calles, espacios deshabitados, los llamados vertederos de las barriadas locales y también la recogida de basura domiciliaria.
A poco tiempo de su funcionamiento, ya se aprecia una mejoría en muchas áreas. Temprano cada mañana, se observan las acciones de quienes barren las vías, retiran los acumulados de desechos y pasan con sus medios de transporte para que los vecinos se liberen de sus desperdicios.
Sin embargo, no basta con este esfuerzo estatal. Se necesita de la conciencia ciudadana para cuidar de la higiene comunitaria. “Una calle limpia no depende del servicio de limpieza, sino de la educación de sus habitantes”, expresa con razón una campaña internacional.
Aunque las carencias de combustible y de transporte hayan deteriorado la prestación de los servicios, son los ciudadanos los máximos responsables de mantener la higiene de las vías urbanas y las comunidades en general.
La población no debe depositar los desperdicios de sus hogares en las aceras o las esquinas. Evitar tirar basura en los contenes y en las propias aceras es también una manera elemental de mantener limpios estos espacios, donde suelen acumularse cáscaras de frutas, papeles, colillas y cajas de cigarros que afectan la higiene y la estética del lugar.
No puede ser solo el servicio de limpieza y recogida de basura el destinado a lograr una impecable imagen de la ciudad. Cada persona es responsable de mantener esa labor con disciplina y conciencia.
Es necesario que la comunidad se implique activamente en el proceso de higienización. Entre todos se puede mantener la pulcritud del lugar de residencia, tanto en ciudades como en comunidades.
