La tarde no pudo ser más especial este 4 abril en la sede de la vanguardia juvenil del arte avileño. Como parte del programa del XXIII Festival Piña Colada se inauguró, en la galería Nexus, la expo personal de escultura Arraigo a la deriva, del instructor de arte Félix Zayas Sarabia.
13 piezas conceptualmente poderosas, sobre la base de la madera con incrustaciones de metal, consiguen transmitir un mensaje de cubanidad que se respira; se vive; y luego, se sueña, al quedarse en la memoria personal horas después de haberla atestiguado.
Y es que Félix rompe ese mito cubano de que el instructor de arte no es un artífice del buen arte, sino, solo un profesor, un formador de generaciones futuras.
Zayas Sarabia, con sus esculturas, no solo demuestra que tiene concepto y técnica, sino, también, mucho que decir sobre lo que dejamos atrás cuando decidimos desarraigarnos de todo lo que ha sido nuestro para vivir en otra dimensión, en otro arraigo.
Cómo surgidos de la nada, casi sorpresivos, el dúo Nueve irrumpe en el escenario teloneando a la Santa Massiel. Y lo hacen de una manera mágica, sutil, estremecedora, porque sus canciones están interpretadas de una manera tan cándida, tan sentida, tan del alma y sus asuntos, que a uno no le queda más remedio que dejarse llevar y ser feliz.
Sin dudas, el dúo Nueve es para ser feliz más allá de la vida y las crisis.
Minutos después de la inauguración de esta expo descomunal que lleva otro análisis, el dúo Nueve, Santa Massiel Rueda y Motivos personales la puso buena en el patio de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) ante un público que quizás no estaba preparado para canciones tan urgentes, tan especiales, tan únicas, tan de ella y de todos.
Así fuimos testigos de varios temas nuevos de la Santa y de otros como Camisa ingrávida, Descongelando la miel, y tantos más, que nos hielan la sangre y nos ponen la piel de gallina de pura emoción.
Así fuimos testigos del crecimiento de Samuel, el hijo de la Santa que no solo ha crecido en el violín, sino, también, en la guitarra y la composición.
La AHS demuestra, así, sin necesidad de revelarlo, que sigue siendo un escenario obligado para el crecimiento espiritual, para la concatenación de la política cultural cubana y todo lo que significa ser cubano.
