Hoy asistimos a un renacer del fascismo, y los escritores no pueden estar ajenos a ese peligro, afirma Alberto Marrero, Premio Carpentier de Cuento 2025
«Nunca he escrito a partir de presupuestos, o plan predeterminado. Tampoco enarbolo tesis. No pretendo demostrar ninguna, ya sea estética, filosófica o política. Soy en ese sentido un escritor intuitivo. Ahora bien, eso no quiere decir que en mi mente no bullan ideas, imágenes, ciertos objetivos, en consonancia con la visión del mundo que tengo».
Lo dice Alberto Marrero (La Habana, 1956), en su conversación con Granma, a propósito del Premio Carpentier de Cuento 2025, que obtuvo con Cerámica de invierno: «Creo que si algo pudiera ser considerado un presupuesto es mi fidelidad al Hombre (con mayúscula), a mi país, a las cosas que amo y defiendo. A mí me interesan los dilemas de la conducta humana, incluso sus veleidades, en diferentes épocas y circunstancias, no pocas veces extremas».
Justamente por ello, explica, le atrae tanto la historia, en la cual su narrativa incursiona con frecuencia: personajes reales interactúan con personajes de ficción.
«El ser humano no es homogéneo, de una sola arista. Tiene virtudes y defectos, y puede ser fuerte y débil al mismo tiempo, emocional y racional, tierno y despiadado, humilde y egoísta, coherente y contradictorio.
«Sin embargo, creo que al final prevalece la inmensa capacidad de amar que tenemos, nuestra voluntad de sobreponernos a las vicisitudes de la vida y triunfar, aunque muchos se pierdan en el intento. Algunos artistas y escritores tal vez no compartan este desbordamiento de optimismo, apostando por lo incorregible, por lo inútil que resulta cualquier tentativa de mejoramiento humano. Como martiano que soy ratifico su fe en ese mejoramiento humano, al precio que sea necesario».
Los cuentos que reunió en este libro –afirma– hablan de esos complejos asuntos, «o mejor, los sugieren, sin caer en didactismos insustanciales», y abarcan un largo periodo histórico hasta la actualidad. «Fueron saliendo así y, cuando los agrupé, me di cuenta de que conformaban un cuadro bastante aceptado de mis “presupuestos” no planeados. El tema de la guerra y la conducta del hombre en ella está presente también».
–Como escritor, ¿cuál es su relación con el cuento?
–Es el género que me permitió escribir novelas. Yo vengo de la poesía, de la que no me he ido ni me iré mientras viva, o mientras me alcance la lucidez. La poesía es esencia y lucidez. Sin ella no se puede escribir nada que valga la pena. Y no hablo de la poesía como género, sino como un estado singular de esa lucidez. Por eso la estudio y la leo constantemente. Para iluminarme. Para descubrir nuevas asociaciones. Para que el lenguaje me permita expresar asuntos significativos.
«El cuento es un terreno de desafíos, un polígono de pruebas donde se condensa todo lo que el escritor intuye y ha aprendido. En el cuento nada puede fallar.
«Siempre apuesto por contar una historia. No me interesan esos cuentos que no relatan nada, que al final uno se pregunta qué rayos me han contado. Eso no quiere decir que abogo por el facilismo, por el relato sin complejidad. Yo pienso que hay que involucrar al lector en la historia que se cuenta, y eso es difícil cuando se le da todo masticado».
Marrero ya había ganado antes el Carpentier de Novela 2019, con Agua de paraíso. Los premios siempre se agradecen, asegura, «es una señal de que el esfuerzo no fue en vano, de que otros ojos vieron valores literarios en lo que he hecho, trabajando con disciplina, siempre al amanecer, cuando los ruidos y la vida están en pausa».
Actualmente director de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, comenta que está acostumbrado a escribir y, paralelamente, trabajar en otras responsabilidades que no tienen que ver con la literatura. «Busco el tiempo. Raymond Carver, el gran cuentista estadounidense, señalaba que el escritor que se queje de que no tiene tiempo para escribir debería dedicarse a otra cosa».
–¿Qué importancia cree que tenga ahora mismo la literatura en un mundo abocado a los fascismos y al imperio de lo instantáneo?
–Las revoluciones del hombre siempre han tenido mucha buena literatura debajo, sosteniéndolas como pilar espiritual. De igual modo, innumerables novelas, ensayos y piezas teatrales alistaron las mentes para los cambios, promovieron la claridad, desenmascararon falsedades, desmontaron tabúes.
«Hoy asistimos a un renacer del fascismo, a la destrucción de un orden relativamente estable alcanzado en las últimas décadas. El Gobierno de EE. UU. ha roto todas la normas internacionales y amenaza con encender una guerra de consecuencias inimaginables. Hay que pararlo. Hay que frenar las ansias de dominación global del imperio estadounidense. Los escritores no pueden estar ajenos a estos peligros. La calidad y el humanismo de sus obras deben alistar de nuevo las mentes para esta batalla, que puede ser la última. Hay mil maneras de hacerlo sin profanar la belleza de la literatura».
