El Programa para la Conservación de los Murciélagos de Cuba (PcmCu) insiste desde hace tres años en la preservación de ese ejército silencioso que cuando anochece surca cielos, cuevas y ciudades: polinizan, dispersan semillas y controlan insectos.
Sin embargo, siguen siendo víctimas del desconocimiento, opinó en su cuenta de Facebook Armando Rodríguez Batista, ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
Refirió que a partir de 2013 y por iniciativa de investigadores cubanos, el proyecto forma parte de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (Relcom), que agrupa a 27 países.
Actualmente, continuó, cuenta con 53 afiliados y 60 colaboradores, bajo el amparo de la Sociedad Cubana de Zoología, con sede en el Instituto Cubano de Biodiversidad (ICB).
Especificó que su equipo se dedica a la investigación y monitoreo, y colectivos como el ICB, las universidades de La Habana y Oriente, y el proyecto Por la Conservación en Cuba de los murciélagos y sus hábitats (Cubabat) le dan seguimiento nacionalmente e incluye la creación de una biblioteca acústica para identificar especies por sus ultrasonidos que se encuentra en proceso.
También a la capacitación y manejo en la formación a técnicos de áreas protegidas y elaboración de planes de cuidado, por lo que nueve sitios en la nación han sido reconocidos Áreas de importancia para la conservación de murciélagos (Aicom) y el Sistema integrado de comunicación social (Sicom).
Además, divulgación y educación ambiental mediante talleres, festivales, círculos de interés en escuelas y presencia en redes sociales (@pcm_cu).
Para Rodríguez Batista, una de las iniciativas más convocantes del PcmCu es el Conteo Anual de Murciélagos cada mes de diciembre en varias localidades del país.
En estas jornadas, recordó, el público general es invitado a participar en una noche de muestreo junto a los investigadores, donde pueden observar capturas éticas y conocer de cerca a estas especies.
Lo más singular es que esa misma noche, equipos de América Latina, el Caribe, África y Asia realizan el conteo simultáneamente, y así comparten en tiempo real fotografías y experiencias a través del mundo.
“Es una forma de acercar a las personas a estos animales, derribar mitos y construir una red global de conservación desde lo local”, explicaron los organizadores.
