Cuba y Nicaragua reanudan hoy en el Estadio Rigoberto López Pérez de León su serie amistosa, clave rumbo al Clásico Mundial de Béisbol, que comenzará el 5 de marzo.
El empate 2-2 del primer duelo, disputado en Masaya, dejó señales claras en el cuaderno táctico. Cuba conectó nueve imparables, pero volvió a cargar el peso de los hombres dejados en circulación; Nicaragua, con menos libertades ofensivas, supo cerrar compuertas desde el montículo y tensar el pulso del juego hasta el último out.
Los lanzadores antillanos mostraron temple: limitaron a cinco hits a los locales, otorgaron tres boletos y recetaron cinco ponches. Sin embargo, la ofensiva encontró un muro en el relevista Ángel Obando, quien dominó a nueve bateadores consecutivos y sembró dudas momentáneas en la artillería visitante. “Fue un buen duelo”, valoró el mentor Germán Mesa, al ponderar la respuesta de un elenco renovado respecto al que intervino en la Serie de las Américas.
Para el segundo capítulo, Mesa entregará la pelota al zurdo Darío Sarduy, integrante de la franquicia japonesa Dragones de Chunichi, brazo que mezcla rigor oriental y sangre caribeña. Su misión será marcar el compás desde la lomita y afinar mecanismos de cara al gran escenario mundialista.
En la acera opuesta, sin confirmación oficial, medios locales apuntan al experimentado Ronald Medrano como posible abridor, pieza de confianza en el engranaje que dirige el legendario Dusty Baker.
La víspera también trajo refuerzos de jerarquía para la escuadra cubana, con la incorporación de los estelares Liván Moinelo y Raidel Martínez, ambos curtidos en la liga japonesa, cuya presencia robustece un cuerpo de serpentineros llamado a ser columna vertebral en marzo.
Serán cuatro enfrentamientos pactados en suelo nicaragüense. Cada uno, más que un simple amistoso, funciona como fragua: allí se templa el carácter, se corrigen grietas y se ensaya la sinfonía competitiva que Cuba aspira a desplegar cuando el Clásico abra sus puertas y el béisbol vuelva a convocar a los titanes.
