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Editorial: Urgencia de “locuras”

Hacia adentro, a veces sin percatarse de cuánto puede impactar un acuerdo del Consejo de Ministros, o la ley que acaba de aprobar el Parlamento Cubano, la vida fluye. Y de qué manera.

El enredado conjunto de arterias que confluye en los barrios —para los agradecidos, porción adorada de patria chica—, lo convierte en un entramado único, que late pese a todo. Y en el pese a todo, se resumen las horas de callado esfuerzo, y en las que los gritos, también, acompañan el jadeo cotidiano que describe el titánico esfuerzo de la sobrevivencia.

Pero un día le nace al entorno, o le llega desde costas más o menos cercanas, la tripulación de navegantes que trae un mensaje nuevo. Vienen vestidos de modo diferente, unos arropados con el canto; otros, con gestos que cumplen el rol de las palabras y no faltan aquellos que trazan, como en el aire, la figura que ennoblece y hace que el sueño rebrote y se expanda.

Entonces, los proyectos comunitarios son, más que proyecciones, realidades que calan en lo más hondo, y, sin que los beneficiados, incluso, hasta los artistas, se percaten de la magnitud real de su trascendencia.

Llegan a la hora precisa, en ocasiones demoran, pero lo inaceptable, lo que entrecorta la respiración de todos los días hasta reducirla al jadeo, reside, precisamente, en sus ausencias.

Porque en hora de escaseces materiales, ellos acrecientan su valor. Devuelven la sonrisa, aplacan el dolor del no hay, del se acabó, el del no se sabe cuándo vendrá, el del se fue para siempre.

Por eso, no valen justificaciones ni obstáculos para impedir que se abran paso, como raíces que retoman la vereda de la luz, hasta los escenarios que más los necesitan.

Historias de cómo planear y armar proyectos comunitarios tan audaces como “locos” existen, pero abundan, no con la pertinencia que necesitan los receptores avileños de su savia. Permanecen, respiran pese a todo, están ahí, al alcance de quien los quiera imitar o enriquecer, aun cuando ese noble objetivo sufra el lastre del recurso material que no está a mano, o de las mentes que no alcanzan a entenderlo.

En tiempos en que águilas y alimañas juntan garras, la comunidad se hace del escudo creador para mantener el latido, y, si es preciso, encararlas. Nunca serán innecesarios los soñadores, esos capaces de urdir el amor en medio de la tempestad, pero ahora mismo se erige en urgencia que no admite esperas hacer más grande y poderosa su familia, desde y hacia adentro.

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