Cuba también figuró entre sus destinos profesionales, la visitó en tres ocasiones entre 1915 y 1919
«Alicia Alonso, remontándose a las tradiciones del gran ballet romántico, alcanza las cumbres de sus posibilidades (…) alcanza en el Pas de deux una elevación que solamente he conocido en la danza de Anna Pavlova».
Así escribió Alejo Carpentier, en 1970, sobre la presentación de la Prima Ballerina Assoluta en el segundo acto de El lago de los cisnes, en París.
La Escuela Cubana de Ballet y el Ballet Nacional de Cuba son dos de los grandes orgullos de este país. Sus pilares, Fernando, Alberto y Alicia Alonso, se nutrieron de la técnica académica y artística rusa para sentar las bases del estilo único de la Isla, reconocido internacionalmente.
Parte de esa inspiración provino del talento de Pavlova, uno de los exponentes más importantes de la danza clásica, nacida el 12 de febrero de 1881, en San Petersburgo, durante la época imperial.
De salud frágil, pocos podían imaginar que su nombre pasaría a la historia del arte danzario, pues, incluso, fue rechazada en la Escuela Imperial de Ballet del Teatro Mariinsky, por su juventud y sus características físicas.
No consiguió una plaza en la prestigiosa academia hasta los diez años, bajo las estrictas lecciones de los maestros Marius Petipa, Eugenia Sokolova, Pavel Gerdt y Christian Johansson, y las burlas de sus compañeros por su apariencia.
Pavlova creía que el talento no era nada sin sacrificio y trabajo duro que lo puliera, y su esfuerzo la convirtió en miembro del Ballet Imperial en 1899 y en primera bailarina en 1906.
Se presentó en el debut de los Ballets Russes del empresario Diaghilev en la capital francesa, París, en 1909, donde su presencia fue fugaz; un año después, ya había gastado sus zapatillas junto al bailarín Mikahil Mordkin en escenarios de Londres, Nueva York, Praga y Berlín.
A lo largo de su carrera, Anna Pavlova transformó las críticas en aplausos, derrochando talento en las piezas El Pabellón de Armida, Chopiniana y Noches Egipcias, todas coreografiadas por Michel Fokine, quien la tomó como musa para La muerte del cisne (1905), la interpretación más reconocida de la prima ballerina.
En un acto sin precedentes, se convirtió en la primera mujer en fundar su propia compañía de danza. Lo hizo en 1910, y con ella realizó una gira por el continente americano tres años más tarde.
La excelsa artista no compartía el gusto por las reformas o tendencias coreográficas, por lo que se enfocó en deleitar al público con los clásicos del siglo anterior y con piezas coreografiadas por ella, como California Poppy (1916) o Autumn Leaves (1918).
Varias fuentes afirman que, hasta la retirada de la bailarina de su compañía, en 1925, esta había realizado alrededor de 4 000 presentaciones internacionales, bajo la organización del empresario Víctor D’ André, su esposo.
Cuba también figuró entre los destinos profesionales de la directora rusa, que la visitó en tres ocasiones entre 1915 y 1919, actuó en diferentes provincias y convirtió a la Isla en el primer país de su gira por América.
Para algunos, se retiró pronto de los escenarios, luego de haber recorrido América, Europa, Egipto, el sur de África, Australia, parte de Asia y otros destinos; y contribuido al posicionamiento del talento ruso a nivel internacional con sus papeles en Giselle, El lago de los cisnes, Las sílfides, Coppélia, entre otras.
Su legado trascendió hacia otras áreas culturales. Existe una compilación cinematográfica titulada El cisne inmortal, que la recoge, entre otras tomas, junto al lago ornamental de cisnes que tenía en su casa, en Londres.
La fama de la estrella llegó hasta la gastronomía, pues el reconocido postre Pavlova, a base de merengue, hace alusión a los tutús que usó durante su gira por la región de Australasia entre 1926 y 1929.
El 23 de enero, el gremio del ballet y aquellos que reconocen a este paradigma de la danza, conmemoraron el aniversario 95 de su partida física en Holanda, un mes antes de cumplir 50 años, en 1931; el mismo año en que debutó en La Bella Durmiente, siendo una niña, la futura Prima Ballerina Assoluta, Alicia Martínez. (Autor: | internet@granma.cu)
