domingo, septiembre 12, 2021
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Ciego de Ávila

Fotutos a medianoche

Durante varias noches seguidas percibí cierto aire de complicidad cuando Mario, Agustincito y Cutín se reunían en el patio para después desaparecer sin dejar rastro. Pocos minutos más tarde se escuchaban en todo el batey  – y dicen que más allá también- los estruendosos bocinazos de un indeterminado número de grandes caracoles llamados fotutos que, como chicharras en un árbol, matraquillaban en los oídos de la gente hasta que los ejecutantes se cansaban o pensaban que, por ese día, bastaba.

No importaba que hubiera luna o no, los fotutazos sonaban inclementes durante horas sin que nadie saliera de su casa a mandarlos a callar. Escuchando a los adultos aquí o allá fui atando cabos: el fotuto sonaba para alguien en específico del batey, aunque ese alguien no se diera por aludido… al menos mientras pudiera aguantarlo.

Sonaban por diferentes motivos: algunos zafios querían que cierto fulano supiera de una vez que su mujer le ponía cuernos y, en otros casos, si se quería que determinada pareja acabara de concertar sus relaciones.

En cuanto al marido burlado, por lo común sabía cuánto sucedía dentro de su casa cuando él no estaba, pero solía hacerse el despistado hasta que los tocadores de fotuto  lo ponían en conocimiento de todo el mundo. Aunque, para no armar escándalo, el hombre dejaba que sonaran cuánto quisieran y se refugiaba cabizbajo dentro de la vivienda, afrontando la mirada burlona de la mujer.

Hubo casos que terminaron inesperadamente. Una noche sentimos cacareos de gallinas, corretajes de hombres dentro del marabuzal, hasta que vimos correr a Mario, Agustincito y  Cutín y, detrás de ellos, al ofendido marido perseguirlos con su machete hasta la barranca de la cañada, donde lograron escabullirse.

La mayoría, sin embargo, esquivaban tal persecución sonora de manera pacífica: fue muy comentada la decisión del viejo Sinforiano, quien sacó de la fiambrera dos botellas de ron y, saliendo de la casa, llamó a gritos a los fotuteros para que se las bebieran y lo dejaran tranquilo.

Como dije antes, el fotuto por otras causas menos peregrinas, pero empalagosas también. Los vecinos aseguran que, desde hacía unos meses, cierta divorciada miraba con buenos ojos a uno de los solterones del barrio quien, por cierto, se hacía el desentendido.

Nada más saberlo la canalla marabusera, tanto la divorciada como el solterón tuvieron que soportar estoicamente durante varias noches consecutivas, de una sinfonía discordante de fotuto, hasta que el hombre enarboló bandera blanca y aceptó los requiebros de su Dulcinea, sin que hubiera que lamentar males mayores.

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