Ciego de Ávila es una ciudad acechada hoy por un enemigo tan invisible como mortal, es que así se presenta la COVID-19.
Pareciera que está desolada, pues sus calles se ven vacías ante el obligatorio resguardo de sus habitantes en sus casas para evitar el contagio.
Pero no hay pánico porque pese al fuerte azote de la enfermedad, hay seguridad en la actuación de las autoridades para combatir la pandemia y salvar vidas.
Las medidas adoptadas proporcionan confianza en la población para emprender entre todos, el combate a la COVID-19 y sus terribles consecuencias.
Cortar la cadena de transmisión es el principal objetivo ahora, junto con la atención óptima a los ya contagiados.
También se refuerzan las medidas de higiene, se ingresan a los enfermos y se aíslan a sus contactos y sospechosos.
Todas estas actividades requieren de un engranaje complejo en el cual el principal actor es el personal médico y con igual importancia muchos representantes de organismos y organizaciones.
El costo económico de esta gran batalla es altísimo, pero nada se escatima cuando existe la voluntad gubernamental de que lo primer es salvar vidas.
Como nunca antes, ahora se requiere de la unidad del pueblo para que cada uno cumpla la parte que le toca.
Entre todos se podrá vencer una batalla más de las tantas libradas en Cuba.



