Quizás nunca imaginó Ciro Redondo que un rebrote de la COVID-19 iba a vencer las fronteras territoriales, luego de haber frenado con tanto ímpetu la llegada del coronavirus en una primera etapa de aparición.
Corría el mes de marzo de 2020 cuando se informó del primer avileño positivo a la enfermedad, aún no habían cerrado las fronteras y se importaban aquellos primeros casos de una peligrosa pandemia que azotaba al mundo.
Poco después, se escuchó por los medios de comunicación sobre el primer pinense contagiado; pero todo quedó ahí, para dicha del más central de los municipios avileños.
Se cerró el tránsito interprovincial, se ubicaron las casas de campaña en cada entrada o salida del territorio con fumigadores, se priorizó el cuidado al adulto mayor, la contratación de mensajeros que llevarán medicinas y alimentos a los abuelos, las pesquisas, más que activas, y una serie de medidas que permitió que Pina venciera en una primera batalla al mortal virus.
Ciego de Ávila también lo derrotó y pasó 93 gloriosos días sin casos: los niños volvieron a sus escuelas, los labios volvieron a pintarse y cuando la normalidad ya iluminaba nuestro rostro, llegó el tan temido rebrote, más fuerte que la primera ocasión.
Todo parece indicar que un foco de transmisión en el hospital general docente Capitán Roberto Rodríguez de Morón contagió a uno de los hijos de Ciro Redondo. Él al taxista que lo trasladaba a los turnos médicos, y así, ya suman cuatro pinenses luchando por sus vidas y batallando contra el coronavirus.
Cuatro en menos de una semana, números que hasta el momento no nos habían tocado tan de cerca y lo peor es que aún no se visualiza el rigor en la toma de medidas de control y aislamiento, como sucedió en la contienda pasada.
Bárbara Guerra, al frente del Consejo de Defensa en este municipio, informó que desde que decretaron la fase uno, está prohibido el tránsito de personas y vehículos luego de la 7 de la noche, la docencia, desandar sin nasobucos por las calles, las fiestas u otras actividades que conlleven a aglomeraciones.
Expuso además que se tienen identificados los contactos de los casos confirmados y que se estableció un centro de aislamiento en el politécnico con capacidad para las 120 personas, que ya están los puntos de control en los extremos del territorio y que gradualmente se están organizando las pesquisas activas.
Sin embargo, considero que el esfuerzo es aún poco, y quedan muchas cosas por hacer. Cada mañana son muchas las personas «haciendo colas» en las entradas de los bancos, la medida de distribuir los módulos de aseo por Consejos Populares no cumple cabalmente su función social: ni evita las colas, ni logra ser tan equitativo; aún no ha llegado a mi hogar la primera pesquisa, y las necesarias fumigaciones (por estar este municipio entre los más afectados de dengue en el país) no tienen en cuenta las medidas de protección antes de entrar en nuestros hogares.
Puede que Ciro Redondo cuente con la misma suerte que en la guerra pasada; pero puede que no. La medida nunca puede ser confiarnos ni creer que porque debemos aprender a vivir con el virus debemos permitir que nos ataque.
Siempre serán pocos los esfuerzos. Hago un nuevo llamado a trabajadores sociales, de cultura, deporte, federadas, jóvenes, estudiantes de medicina y sobre todo a la Policía Nacional Revolucionaria, a hacer cumplir, las indicaciones establecidas.



