Aunque por diferentes razones históricas el pueblo cubano no es, religiosamente hablando, de los más fervorosos en cuanto a creencias- si se compara con América Latina- desde la etapa colonial proliferaron ceremonias y ritos que, en su mayoría, permanece todavía hoy.
Amparados en la fe católica promovida por la iglesia dominante y el Estado, las masas de esclavos y sus descendientes crearon multitudinarias manifestaciones sincréticas que aún perviven a lo largo y ancho de la Isla, como uno de los aportes más valiosos a la identidad cultural nacional.
Por otra parte, la población de ascendencia hispánica y otros estamentos sociales, hicieron suyo el culto a la virgen mambisa que apareció flotando sobre la bahía de Nipe y que, más tarde, recibió el nombre la Caridad del Cobre, advocación mariana sincretizada como la orisha o santa Oshún por las creencias yorubas.
Desde el pasado siglo XX se hizo tradicional una peregrinación anual cada 8 de septiembre que festejaba a la Patrona de Cuba en su día. Aparte de las procesiones locales, quienes no podían viajar a Santiago, le encendían velas en los altares domésticos, le formulaban promesas y peticiones, además de demostrarle devoción a la deidad de diversas maneras.
También se pusieron de moda las llamadas peregrinaciones, como aquella famosa que realizara en 1957 Irma Izquierdo, bautizada por los medios como La Estigmatizada, mujer que viajó, de pueblo en pueblo, vía carretera central, desde Occidente hasta el Oriente de la Isla, hecho muy publicitado por la prensa de la época.
En tiempos de sequía, solían organizarse, en cada pueblo, procesiones en las cuales los fieles sacaban a la calle la imagen del santo patrón la localidad, con la esperanza de que la lluvia cayera, aunque, a decir verdad, no consta que tales rogativas siempre hayan sido efectivas.
Por otra parte, algunas personas que, en público se confesaban católicos apostólicos romanos de pura cepa, en algún momento fueron sorprendidos visitando al babalao o al santero de la zona, quizás por aquello de que, en Cuba, «quien no tiene de congo, tiene de carabalí» , y que confirma, una vez más, la aseveración de don Fernando Ortiz acerca del gran ajiaco que conformó la cultura cubana.



