Las altas temperaturas del verano en Cuba exigen patrones de conducta específicos por los cambios sustanciales que causan en la demanda del organismo de cada persona.
La alimentación en esta temporada del año debe cuidarse porque, en dependencia a lo que se consume, puede ser saludable o causar enfermedades.
El sudor que provoca el calor hace que el cuerpo pierda más potasio y sodio, de ahí que la hidratación frecuente es imprescindible para combatir el agotamiento intenso.
Se recomienda la ingestión de bebidas tónicas, jugos y mucha agua y en algunos casos, las sales de rehidratación son necesarias para restituir elementos del metabolismo que se pierden cuando se suda más de lo normal.
Mucho cuidado se debe tener con las comidas sólidas porque las altas temperaturas provocan que se descompongan con más rapidez, lo cual causa trastornos estomacales que pueden llegar a tener malas consecuencias.
Las carnes, los potajes, los arroces…, todas las comidas que no se consuman inmediatamente después de su preparación, deben conservarse bajo refrigeración y no por muchas horas.
También en el verano hay mayor proliferación de enfermedades por virus, bacterias, y las provocadas por vectores. Con las lluvias de esta temporada prolifera el mosquito Aedes aegypti que causa el dengue y la chikungunya, enfermedades muy peligrosas que pueden evitarse con el estricto control de su trasmisor.
En la etapa estival es más frecuente la accidentalidad. En carreteras y vías urbanas, en playas y piscinas, se suceden accidentes que pudieran evitarse con mayor percepción de riesgo.
Las vacaciones veraniegas son para disfrutar sin afectaciones a la salud ni a estabilidad personal.







