Una versión feminista para El Principito

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La principesa, versión femenina de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Foto Internet

En este siglo moderno, convulso y globalizado surgen a cada momento ideas renovadoras, buenas ideas, y otras que no pasan de ridiculeces. La posmodernidad, como muchos se empeñan en llamar a esta época, se caracteriza en no pocas ocasiones por vaciar de contenido los grandes proyectos sociales.

Muestra de esto es el nacimiento de una supuesta corriente feminista que promueve la reescritura de libros universalmente reverenciados para insertar en ellos el concepto de igualdad de género.

Ávido de reconocimiento, este seudofeminismo toma distancia de las reivindicaciones aún no materializadas de la mujer, y centra sus esfuerzos en temas de moda como el lenguaje no sexista o la condena a célebres creaciones de la literatura o la plástica que, para los estándares actuales, pecan de poco inclusivas.

De esta nueva moda surge el proyecto editorial español Espejos Literarios, que se propone reformular las obras maestras de la literatura para dotar de significado a su carácter universal. Y el flaco favor fue para El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, que ahora cuenta con una versionar feminista titulada La Principesa.

“La Principesa”: una versión inclusiva del personaje de Saint-Exupéry

Varios son los desencuentros con la historia original. La Principesa ya no tiene los cabellos rubios como el color del trigo, sino violetas, para evitar asuntos raciales. El aviador es aviadora. La rosa, la caprichosa flor inspirada en la esposa de Saint-Exupéry, pasó a ser un clavel con espinas. Y muchos otros personajes cambiaron de sexo para llegar a una proporción de 60% contra 40, ocupando el mayor número los femeninos.

Si todo esto parece un absurdo, ¿qué decir de la boa? El hambriento reptil dibujado a principios de la obra, en lugar de devorar un elefante, ¡se traga un volcán!, para evitar el maltrato hacia los animales.

Varios usuarios de las redes sociales se mostraron indignados ante el hecho pues El Principito, libro francés más leído y traducido de todos los tiempos, ha marcado a numerosas generaciones de lectores, sin importar países, etnias ni creencias religiosas.

Imagen tomada de www.lasillarota.com

Ciertamente, en la literatura deben ganar espacio los personajes femeninos pero la solución está en escribir nuevas historias donde el protagonismo lo tengan las mujeres, no modificar libros ya asentados en la cultura popular.

A este falso feminismo le convendría recordar que el amor, la amistad y el valor de los pequeños detalles son comprendidos universalmente, sin necesidad de personalizaciones ni relecturas.

No interesan el color del pelo, ni el sexo de las personas, ni si una boa se traga a un elefante: lo esencial es invisible a los ojos. Lo que hace grande a El Principito trasciende todas las épocas y latitudes porque vale más el contenido que la forma.

 

 

2 Comentarios

  1. Me indigna y ofende que hagan este tipo de libros. ¿Para cuando la versión republicana? fuera reyes, reinas, principes y principesas.

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