Una cultura de siglos cada noche renace en Cuba: aplausos por la vida

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Una práctica de siglos precedentes y culturas ancestrales revive cada noche en Cuba, aplausos de esperanza en tributo a los héroes de batas blancas que hoy ante la pandemia de la Covid-19 luchan por la vida.

Convidado por los internautas en las redes sociales, la iniciativa es un canto de fe y aliento que a las 21:00, hora local, irrumpe en los hogares cubanos como llovizna, no caída del cielo sino creada con la fuerza de las manos y el sentimiento.

Al sonido de las palmas se unen vítores y otras expresiones emergidas de la espontaneidad del público que toma como platea los balcones, el patio o la sala de sus casas para agradecer a quienes sacrifican su bienestar, dejando atrás a sus familias.

El débito es también para quienes laboran en otros frentes primordiales: supermercados, transporte público, farmacias, panaderías, medios de comunicación.

El ejercicio de aprobación proviene de una costumbre cultural de griegos y romanos, quienes aplaudían para alabar alguna de sus funciones.

Cuenta la historia que algunos emperadores contrataban personas para aplaudir en los eventos o en sus apariciones públicas, e incluso ensayaban los aplausos para una mejor coordinación.

La práctica continúa vigente como forma de mostrar satisfacción al final de una obra teatral, musical o cinematográfica, e incluso la ciencia manifiesta que es una manera de emitir opinión y brindar a la audiencia la idea de participación.

En tiempos de coronavirus y cuarentena necesaria, Cuba aplaude voluntariamente y el murmullo perdura cerca de un minuto o más. El acto se multiplica, el gesto se viraliza porque es un acto del que sí bien vale la pena contagiarse.

“El teatro se vuelve santuario de vida”. Los escenarios están repartidos en África, Europa y donde quiera que se ha solicitado la ayuda médica cubana. Las palmadas vuelven una y otra vez, cada día y a la misma hora.

Lamentablemente, la situación no tiene guión pre-establecido, cada interpretación es diferente, están en riesgo millones de vidas y, por ende, se requiere el máximo de sacrificio.

La función es en tiempo real y durará un poco más de lo que deseamos, pero mientras haya trabajadores de la salud dispuestos y comprometidos, ahí estará el aplauso de orgullo y agradecimiento del pueblo cubano.

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