Transformadores de tristeza (+Fotos)

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2. Cuando los más vulnerables de un país se amparan y se protegen, estamos frente a una nación segura/Fotos Albert Fajardo Jiménez

Rodeados del amor que merecen conviven los niños y los adolescentes del Hogar de Menores sin Amparo Familiar  en Ciego de Ávila.  Las mamis, los papis y las tías que conocieron en esa institución,  alivian las heridas y la tristeza del alma  de quienes por razones del destino perdieron el afecto y la protección de los padres.

Aunque el  cariño de sangre es insustituible, el de estos trabajadores es tan especial, que algunas niñas y niños prefieren olvidar el pasado; mientras otros, rechazan el regreso a su casa natal. Y es que sólo en este recinto encontraron el verdadero hogar, la luz de la paz, el cariño y la seguridad que necesita un menor  para vivir y desarrollarse en un ambiente favorable.

Once niños, de ellos siete hembras y cuatro varones, conviven en la sencilla casa donde se asegura lo necesario para una infancia y adolescencia feliz. Además del sector educacional, otros organismos, instituciones y empresas, aportan al sustento de la alimentación, equipamientos y de los productos vitales que requiere una vivienda donde residen menores.

Dieciséis trabajadores, entre ellos varios docentes, acompañan los días y las noches de estos chicos, cuidan de sus ropas, garantizan su correcto uniforme escolar, les ayudan con las tareas de la escuela, los representan como padres en sus escuelas.

Además velan su sueño nocturno, sobre todo cuando aparece alguna gripe o dolor de cabeza, en fin, hacen lo posible por llenar esos espacios que la familia de sangre mantiene vacíos. 

La licenciada Clara Reyes Iglesias, con más de 20 años de experiencia en la enseñanza especial, confiesa que ser la madre suprema de estos muchachos es lo mejor que le ha sucedido a una mujer, que por azares de la vida, no ha podido tener hijos biológicos, “…Desde que los adopté en mi corazón, soy una mujer más realizada y mejor persona”, dice con las pupilas llenas de lágrimas. 

Avileños como Marbelys Días Reyes, una de las tías cocineras, y Omar Torres Torres, el papá que arregla los equipos, confiesan que la experiencia de contribuir a la educación de estos menores les ha nutrido mucho como seres humanos por lo sensible de esta actividad a la cual se entregan, sin pensar en un empleo, ni en el salario que devengan por él, sino pensando en  la familia que verdaderamente son. 

Elismary Pol Lorenzo, ya es casi una joven, huérfana de padre y madre desde los 14 años de edad, ha encontrado refugio y protección en esta gente humilde para andar más segura por el largo camino de la vida, en el que los menores necesitan del acompañamiento de personas de bien y responsables como estas.

En esta casa, ubicada en calle Candelario Aguero, entre Onelio Hernández y Martí en la capital provincial avileña, es muy común escuchar alboroto infantil, ver adornos, globos y fotógrafos, cada vez que algún miembro cumple años, y cuando se trata de 15, entonces el fiestón es grande, como en todas las familias.

En los meses de verano estos chicos tienen garantizado su plan vacacional con visitas a diversas instituciones de recreación popular y centros históricos de la provincia; con frecuencia son visitados por reconocidos artistas de nuestro país y de la provincia, quienes como Arnaldo Rodríguez, Dabid Calzado y la Tía Mary, quienes llevan la alegría musical y el cariño sincero a esta vivienda.

Cuando la lluvia suave se apodera de las calles y del entorno de la ciudad, los días suelen ser tristes, nostálgicos. Este miércoles en el Hogar de Menores sin Amparo Familiar de Ciego de Ávila,  los rayos de sol iluminaban el patio de una casa cubierta de historias únicas, pero llena de esperanzas y del amor más puro, un hogar donde la tristeza no tiene espacios, ni siquiera en tardes de lluvia.

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