Teatro para salvarnos del algoritmo

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El teatro guiñol de Remedios Fidel Galbán en el Festuval Títeres al Centro. Foto Dianelys Marín Dewar

Digo teatro, artes escénicas, atrezzo, lunetas, plateas… y pienso de inmediato en el escenario del teatro Principal de Ciego de Ávila y, ¿por qué no?,  en este o aquél actor o actriz de alguna de las compañías que se desempeñan a lo largo y ancho de la provincia y hasta más allá.

Pienso en los colectivos de Teatro Primero, Polichinela, De Morón Teatro,  y me satisface pensar que, aunque trabajando, celebran  su Día para que todos seamos más felices con el arte que tan bien saben hacer.

Teatro, que en griego significa “lugar para contemplar”, es un artilugio escénico que hace reír, llorar… mueve nuestras emociones para placer  del público, quizás por eso, en franca competencia con el cine, suelen abarrotarse sus salas ante cada nueva puesta.

Desde hace 58 años la comunidad internacional festeja el Día Internacional  del Teatro; con este motivo se suelen organizar diversos eventos nacionales e internacionales. Todos los 27 de marzo, desde entonces, el Instituto Internacional del Teatro invita a una figura cultural de renombre para compartir sus reflexiones sobre el teatro y la cultura.

El primer invitado fue Jean Cocteau, le siguieron personalidades como Arthur Miller, Pablo Neruda, Richard Burton, Antonio Gala, Humberto Orsini o Darío Fo, entre muchos otros. Por otra parte, en Cuba la destacada actriz Herminia Sánchez fue acreedora hace poco al Premio Nacional de Teatro 2019.

Cuando uno acude a cualquiera de nuestras salas suele identificarse con uno u otro personaje, la actuación del artista que está detrás de esa máscara que es la representación, por lo común nos hace reír, llorar, sufrir, hasta odiarlo: y somos tan masoquistas que retornamos  solos o en grupos para repetir esas emociones.

El teatro exige la presencia de unos seres humanos ante otros seres humanos.  Por eso, pienso y felicito a cada uno de estos trabajadores de las tablas, tanto de la escena nacional como la internacional. Porque ellos, más que la literatura, más que el cine, son maravillosamente aptos para la tarea de salvarnos, de volvernos simples algoritmos.

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