San Petersburgo, entrañable

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San Petersburgo, entrañable /Foto ACN

El lugar más frío de la ruta del Presidente cubano ha sido, hasta este minuto, la ciudad de San Petersburgo. Desde cinco grados Celsius hasta menos uno se movieron los termómetros, mientras la delegación cubana cumplía su agenda de trabajo. La lluvia tampoco fue motivo para cancelar una sola de las actividades que el mandatario había planificado.

Y hubo nieve también, tenue, pero suficiente para hacer saltar a los caribeños, al menos en los primeros minutos a la intemperie. Ese fue el tiempo que recibió al Presidente de Cuba en la antigua Leningrado, hoy una ciudad hermosa, moderna, entrañable, que lleva con honor el hecho de no haberse rendido nunca ante el peor asedio nazi.

De otro clima, del que nace de una amistad a prueba del tiempo, también fue testigo la delegación cubana. Los dos encuentros pactados para este lunes dieron cuenta de esa cercanía, motivada por años de una historia compartida. El primero fue con Alexander Beglov, gobernador de San Petersburgo, quien recibió a Miguel Díaz-Canel en la sede del Gobierno de la ciudad.

En la conversación, resaltaron las relaciones de amistad, las posibilidades de ampliar la colaboración en sectores como la producción de alimentos, la biotecnología, la robótica, la industria, la energía, la educación y el intercambio cultural; así como el apoyo mutuo en causas como la lucha contra el bloqueo a la Isla y la imposición de medidas económicas de Estados Unidos a Rusia.

Díaz-Canel actualizó a su contraparte sobre la situación que atraviesa la Isla con el recrudecimiento del cerco económico y la persecución que el gobierno norteamericano emprende contra navieras que trasladan combustible a puertos cubanos. Nada de eso nos va a hacer rendir, sentenció el mandatario, seguiremos avanzando en nuestros programas de desarrollo.

También el Presidente de la Asamblea Legislativa, Viacheslav Makarov, recibió a la delegación cubana, a quienes dirigió palabras de cariño y apoyo. Más de una vez reiteró la frase de que «Cuba es la Isla de la libertad»; destacó el sentido afecto del pueblo ruso hacia el pueblo cubano; y puso énfasis, sobre todo, en afianzar en las generaciones más jóvenes ese cariño mutuo.

El Presidente antillano habló de reforzar los intercambios a nivel parlamentario; detalló el proceso que vivió Cuba con el debate popular que devino en una nueva Constitución; y el amplio ejercicio legislativo que tiene lugar ahora para dar sostén a la Carta Magna.

Como no podía ser de otra forma, el estadista cubano concluyó su estancia en San Petersburgo con una visita al Museo sobre el bloqueo a Leningrado, un lugar que duele desde el primer paso por sus salas. La guía, nieta de un sobreviviente del feroz cerco nazi, narró al Presidente Díaz-Canel los horrores vividos por la población del lugar durante los 900 días que duró el asedio.

La muerte por heridas de guerra, hambre, enfermedades y el frío atroz alcanzó a más de medio millón de personas. En el museo, como huella que aún duele, están los juguetes encontrados en el lago helado que alguna vez sirvió de camino a la vida; la réplica de un aula para los niños a salvo de las bombas que, en los peores años, destruyeron uno de cada cinco edificios de la ciudad; una muestra del pan que se daba diariamente a los leningradences para engañar al hambre, 250 gramos a los mayores y 125 gramos a los niños. Podría parecer una película, como las tantas que después se hicieron; pero no, era el espanto que nació del odio al prójimo.

De ellos escribió el Presidente Díaz-Canel cuando, al término del recorrido, dejó sus impresiones sobre el impactante lugar: «Es necesaria esta referencia para no olvidar tan trágicos acontecimientos y para evitar que nuevamente puedan ocurrir. Un mundo mejor es posible, ese mundo fue defendido por los leningradences, ese mundo tenemos que defenderlo nosotros ahora». Con esa convicción partió un poco después de la ciudad heroica, donde en más de una ocasión dijo sentirse como en casa.

Ya entrada la noche, la delegación llegó a la ciudad de Moscú para concluir la gira por varios países europeos, que comenzó el 20 de octubre por Irlanda. La amplia comitiva que acompaña al Presidente en la capital rusa la integran el vicepresidente del Consejo de Ministros, Ricardo Cabrisas Ruíz; el canciller Bruno Rodríguez Parrilla; los ministros del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz; de Energía y Minas, Raúl García Barreiro; de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila; de Industrias, Alfredo López Valdés; de Comunicación, Jorge Luis Perdomo Di-Lella; y de Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero.

También están la presidenta del Banco Central de Cuba, Irma Martínez Castrillón; el presidente de BioCubaFarma, Eduardo Martínez Díaz; la viceministra de Salud, Marcia Cobas Ruiz; y el embajador Gerardo Peñalver Portal.

Según la agenda, para este martes se esperan encuentros con el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin; con el presidente del Gobierno, Dimitri Medvedev; con importantes empresarios rusos; y con cubanos residentes en este país.

Una visita que, desde ya, es previsible deje saldos muy favorables.

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