Rubén, la pupila y la esperanza

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Diseño Neilán Vera Rodríguez

Cuando el general Máximo Gómez tuvo la oportunidad de conocerlo en un tren junto a su padre, quedó sorprendido frente a la mirada infantil y serena. «Tu vida tendrá luz plena de mediodía», auguró el viejo mambí a un Rubén Martínez Villena de solo tres años de edad. Nunca hubiera imaginado Gómez que aquel pequeño llegaría tan lejos.

Siendo muy joven todavía, con un futuro prometedor como jurista, la agudeza de Rubén lo hizo caminar el vía crucis de la Revolución y cederle a ella hasta el último reducto de vida.

Con 23 años protagoniza una sonada protesta contra los negocios turbios del gobierno de Alfredo Zayas. Con 24 ayuda a fundar la Universidad Popular «José Martí», y el primer Partido Comunista de Cuba.

Foto Tomada de Jiribilla

Fue tenue su paso por el mundo, pero de una intensidad solo igualable a los grandes hombres y mujeres que trascienden épocas. Y quizá nunca se propuso trascender nada. Su poética trunca y relegada da fe de un intelectual comprometido con los pobres, sin interés ni ambición personal.

Condenado ya por la tuberculosis, Martínez Villena dirige desde su lecho de enfermo la huelga general contra el dictador Gerardo Machado, el «asno con garras» al que había ridiculizado tiempo atrás.

En la madrugada del 16 de enero de 1934, hace ya 85 años, se apagó la vida de Rubén Martínez Villena, irónicamente en el Sanatorio «La Esperanza». Un día después de la caída del Gobierno de los Cien Días.

Débil, consumido, probablemente desilusionado por la Revolución deshecha, durmió «con el párpado abierto», siempre insomne, una de las pupilas más profundas de Cuba.

Sobre su muerte, un Raúl Roa conmovido expresaría: «Aquel día La Esperanza vio salir por su pórtico, definitivamente rota, la esperanza más alta y más noble de la juventud cubana».

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Neilán Vera Rodríguez (Estudiante de Periodismo)

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