Pompeo y sus falacias

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Mike Pompeo, Secretario de Estado norteamericano /Foto PL

El Secretario de Estado nortemericano Mike Pompeo, en su absurda palabrería felicitó a los golpistas bolivianos por expulsar del país a los más de 700 funcionarios cubanos, ignorando con toda mediocridad y con mala intención, que esos llamados funcionarios eran los médicos que salvaron miles de vidas, hicieron millones de consultas y operaron a otros tantos en la sureña nación del litio.

En su diabólica ofensa a los galenos de la rebelde isla, Pompeo, quiso ocultar a los miles de funcionarios “encubiertos” que tiene en embajadas de casi todos los países y en la oficina de intereses radicada en La Habana, los que si patrocinan campañas para desmontar gobiernos y financian a través de instituciones como la USAID a elementos disociadores, pandilleros y delincuentes comunes como el delincuente violento y contrarrevolucionario José Daniel Ferrer.

Acaso no sabe el señor secretario de estado norteamericano que esos mismos que él califica de “funcionarios” son quiénes salvaron miles de vidas de bolivianos sin recursos, los que desarrollaron programas de salud y prevención de enfermedades, los que asistieron  a millones de bolivianos de las ciudades y del sector rural, el más empobrecido de todos.

Pompeo, halcón político que apoya la descabellada posición del magnate presidente Trump sobre Irán y Corea del Norte, es uno de los representantes de la línea más dura del Partido Republicano con basta experiencia en temas de inteligencia, de seguridad nacional y militares, es el mismo que en sus ansias guerreristas potencia las operaciones encubiertas en Afganistán.

Con amplio expediente guerrerista, especialista en intervenciones en asuntos internos de naciones, Mike Pompeo se atrevió a llamar “funcionarios”, a esos hombres y mujeres de batas blancas que han hecho, en 27 años, la labor más humana que se conoce en la plurinacional Bolivia, mientras él y sus ejércitos solo han causado pobreza, discriminación, robo de los recursos naturales, golpes de estado y muerte en la nación andina.

No le cabe señor Pompeo en su discurso agresivo, vulgar, hostil y provocador, hablar de nuestros médicos, que son los embajadores de Cuba ante el mundo. Esta rebelde isla que le calienta las venas y les perturba la mente a todos los que como usted y su sequito morboso, seguirá brindando sus servicios  de salud a quiénes lo necesiten; seguimos firmes ante sus ofensas y calumnias, salidas de sus rencores y ansias de ocupación de un país que tanto les molesta como espina atragantada, solo por el simple hecho de ser un pueblo solidario, valiente y digno, que trazó su camino y se rebela ante quienes pretenden humillarlo.

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