Los dueños de la calle

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Foto Sergio Baños Aguiar

¡Qué hermoso está el bulevar avileño! Vi tanta gente esta mañana, que Ciego de Ávila semeja ser una de esas ciudades superpobladas: familias de paseo, enamorados, o transeúntes en solitario ocupan cada metro cuadrado y transitan entusiasmados.

El colorido salta a la vista y la alegría de la gente contagia, nadie se perturba por las últimas decisiones del vejete orate que ocupa la Casa Blanca, pues la cordura se hará lugar y él regresará a un oscuro rincón.

En medio de las escaseces la gente respira dignidad y apenas hay sitio para la indiferencia característica de otros lares más ricos.

Las personas compran libros, comestibles, víveres que a veces faltan, o toman fotos. Muchos acuden a la céntrica heladería “Coppelia” para exorcizar el insoportable calor.

Y no faltan las opciones culturales: estatuas vivientes invaden las calles, las carteleras brindan propuestas diversas e intérpretes asaltan la vía con su canto, en medio del gentío.

Si alguien trata de vernos acorralados, sufridos o temerosos, se equivoca. Aquí está la masa humana tomando la calle más céntrica de Ciego de Ávila, desde los amigos que se abrazan, el estudiante u obrero que aprovecha sus vacaciones hasta la gentileza de un desconocido.

Sé que no todo es perfecto, que faltan sobre todo cosas materiales y confiar más en nuestra singularidad como pueblo para el futuro, ese que a pesar de los pesares se amolda día a día a nuestro ideal de felicidad colectiva. ¡Siento orgullo de mi gente!

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