Adolorida gime y grita la tierra madre en la nación boliviana y sus lágrimas reflejan angustia, ansias de justicia. La Pachamama sufre la traición de varios de sus hijos, quienes, segados por la avaricia, masacran a hermanos humildes.
Su pena ya tiene nombres, 30 vidas cobradas, almas que no descansarán en paz hasta ver que los sicarios y mafiosos del gobierno De Facto respondan por cada crimen cometido durante estas semanas, contra un pueblo indefenso, que exige recuperar su democracia.
Tiembla de tanta ira, llora la Pachamama y también lo hace por la partida de los profesionales de la salud de Cuba, de quienes se difamó injustamente para empañar su solidaridad y humanismo, y para involucrar a nuestro país en acciones de desestabilización contra el actual gobierno golpista, algo, que a pesar de las artimañas realizadas, no lograron.
Llora la Pachamama, grita sin consuelo, no entiende que de la noche a la mañana, sus ciudades y habitantes vivan una inimaginable incertidumbre, un total desequilibrio político y económico que mancha de sangre las calles por donde hasta hace poco, se festejaba la refundación de Bolivia como Estado Plurinacional,
Y es que el 22 de enero de 2009 los hijos de ese país acuñaron la aprobación de la Constitución Política del Estado, gracias a la unidad de los pueblos indígenas, movimientos sociales, obreros e intelectuales, bajo el mandato del presidente elegido constitucionalmente en cuatro ocasiones, el indígena Evo Morales Ayma.
El presidente con quien esa nación llegó a tener una economía de referencia en la región, con la distribución de las riquezas para todos. El mandatario con quien se nacionalizaron empresas y recursos estratégicos del Estado, como el gas natural.
El aimara que hizo de Bolivia el séptimo país menos endeudado de América del Sur cuando era el segundo más endeudado, que hizo de Bolivia uno de las naciones con mayor crecimiento económico en Sudamérica, que sacó de la pobreza a más de tres millones de bolivianos.
Y es precisamente eso lo que no pueden perdonarse los sicarios racistas y menos el gobierno de los Estados Unidos, las conquistas sociales, y en su afán por destruirlas son capaces de las atrocidades más inimaginables. En Bolivia ya comenzaron, y la historia nos ha enseñado la cara del fascismo y su monstruosidad.
Llora la tierra madre la renuncia obligada de su presidente indígena, ejemplo de hombre justo de principios y de valores, quien bajo coacción renunció, por la paz de su pueblo, por la vida de los más humildes e indefensos, por la existencia humana.
Dijo, Hemos renunciado para que los golpistas dejen de perseguir a mis hermanos y hermanas humildes, para que dejen de secuestrar a nuestros dirigentes sindicales ministros y sus familiares. No queremos que haya enfrentamiento.
Así dijo el político, sindicalista, activista y dirigente boliviano elegido presidente constitucionalmente por el pueblo.
Sin embargo quienes orquestaron este golpe sucio y ahora asesinan despiadadamente a un pueblo indefenso y pacífico, le nombra dictador y para dar jaque mate planifican condenarlo por terrorista.
Y como no va a llorar y temblar la tierra madre de Bolivia, desesperada clama, exige justicia, gime, sangra, pero no se rinde.
Aquí no termina la vida, dice el primer presidente indígena del Estado Plurinacional de Bolivia, y la madre suprema le responde, ¡así se habla hijo, y no desmaye en esta lucha porque yo la tierra madre, les daré la victoria!, dice en sollozos y segura, la Pachamama.







