
La Asamblea General de las Naciones Unidas acordó que el ocho de junio fuera el Día Mundial de los Océanos.
Los mares y océanos forman parte ineludible de nuestras vidas, y más si isleños como nosotros, lo tenemos por todas partes. Su presencia, y hasta su recuerdo, está asociada a algún momento de nuestro diario quehacer.
Como se sabe, los océanos cubren alrededor de dos tercios de la superficie de la Tierra y son el verdadero pilar de la vida. Generan la mayor parte del oxígeno que respiramos, absorbe una gran cantidad de las emisiones de carbono, ofrece comida y nutrientes, regula el clima, y son económicamente importantes para los países que confían en el turismo, la pesca y otros recursos marinos para sus ingresos.
La sobreexplotación pesquera, la pesca ilegal, así como las insostenibles prácticas de acuicultura, la polución marina, la destrucción del hábitat, las especies invasivas, el cambio climático, y la acidificación están causando un grave daño a los océanos y los mares.
En diciembre de 2008 la Asamblea General de las Naciones Unidas, por iniciativa de Canadá, resolvió que el ocho de junio fuera el Día Mundial de los Océanos. Su objetivo es reconocer la importancia de esta gran masa acuática en la salud del planeta.
Esta fecha quiere movilizar y unir a los pueblos del mundo entorno al objetivo de la gestión sostenible de los océanos, que son una fuente importante de alimentos y medicinas y una parte esencial de la biosfera. En definitiva, esta celebración es un buen motivo para celebrar juntos la belleza, la riqueza y el potencial de los océanos.
Este año, bajo el lema «Limpiemos nuestros océanos», la celebración gira en torno a iniciativas para prevenir la contaminación por plástico, ya que, entre otras actitudes desafortunadas, ese nailon o bidón que arrojamos negligentemente al agua está costando la vida a millones de aves marinas y de 100 000 mamíferos marinos al año.






