Esta no es una historia de las de “Había una vez”, ni de las que terminan con finales felices. Es el testimonio de la única avileña que, por más de cuatro décadas, estuvo unida al campo santo, por el más sublime de los sentimientos.

Esta no es una historia de las de “Había una vez”, ni de las que terminan con finales felices. Es el testimonio de la única avileña que, por más de cuatro décadas, estuvo unida al campo santo, por el más sublime de los sentimientos.
