La Trocha de Júcaro a Morón, escenario de victorias en Ciego de Ávila

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Trocha de Júcaro a Morón
Trocha de Júcaro a Morón. Foto Prensa Latina
Trocha de Júcaro a Morón
Trocha de Júcaro a Morón. Foto Prensa Latina

Los vestigios de la fortificación militar forman parte del patrimonio cultural de la nación.

Empotrados en el paisaje, como testigos mudos de la historia, atraviesan la Isla desde la costa sur hasta la norte los fortines semiderruidos de la Trocha de Júcaro a Morón, en la provincia de Ciego de Ávila.

Sus vestigios forman parte del patrimonio cultural de la nación y están estrechamente vinculados a la lucha contra el colonialismo español.

Si bien su construcción constituyó un derroche de fuerza de la Corona Española para mantener sometidos a los cubanos, al final La Trocha no fue más que un escenario de victorias consecutivas del Ejército Libertador.

A finales de 1871 el Conde de Valmaseda propuso a la Metrópoli la creación de una línea militar fortificada que cortara la Isla de costa a costa con el objetivo de aislar la lucha independentista a los departamentos orientales, evitar la ayuda a las fuerzas insurrectas e impedir la extensión de la guerra al resto del país.

Inicialmente La Trocha contó con 17 fuertes y en el año 1874 ya tenía además, 16 fortines y unos cinco mil soldados, así como una línea férrea para el movimiento de piezas de artillería.

Esa línea militar fue refortificada varias veces durante las guerras del 68 y el 95, hasta convertirse en el bastión militar más sofisticado del poderío español en América, con 68 fuertes, 67 blockhouse y 401 puestos de escucha, además de alambradas y fosos custodiados por más de 12 mil hombres.

Sin embargo todo ese derroche resultó insuficiente para impedir el cruce  durante nueve ocasiones de Máximo Gómez, una vez de Antonio Maceo y decenas de veces de Simón Reyes, conocido como el águila de La Trocha.

Durante 1995, año del centenario de la caída en combate de José Martí, La Trocha fue declarada monumento nacional y se reconstruyó un kilómetro del enclave con alambradas y fortines para que pobladores y visitantes aprecien una parte de esa construcción que es historia y hoy contrasta con la vida nueva que florece a su alrededor.   

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