Poco después de que el Boeing 737 se estrellara en las afueras de la capital comenzaron a circular en la web y de teléfono en teléfono los terribles testimonios gráficos del accidente. No era difícil que un conocido apareciera con fotos o videos del siniestro: escombros, humo, cadáveres, miembros mutilados. Lo cierto es que en esos días el morbo tomó dimensiones jamás vistas en Cuba.
Si de imágenes morbosas se trata…
Disímiles son las oportunidades en que estas malas prácticas demuestran su influencia en parte de nuestra sociedad. Accidentes de tránsito, crueldad hacia los animales, peleas que muchas veces terminan en heridas de gravedad… todo queda grabado en el insensible lente de un celular. Y lo terrible es que la curiosidad puede más que la consciencia, y que en ocasiones estos materiales son recibidos como algo digno de risa, como una cosa graciosa.
En Facebook, además, pervive otro fenómeno. Numerosas publicaciones muestran a personas postradas en camas de hospital, supuestamente, a punto de morir con cáncer. Junto a las fotos un texto pide escribir Amén en los comentarios para que el enfermo, casi siempre un niño, logre restablecer su salud. A pesar del absurdo, muchos usuarios de la famosa red social caen en la trampa.
A primera vista no parece preocupante. Incluso algunos pueden pensar que hacen un gesto altruista. El problema surge cuando no se respeta la integridad de esa persona que, aunque débil, todavía vive. Lo alarmante reside en la intención de quien posteó la entrada, porque ¿alguien realmente cree que escribir una palabra en internet puede salvarle la vida a otra persona?
¿Por qué no escribir Amén en Facebook?
Quizá la barbarie sea, irónicamente, una parte de nuestra humanidad. Quizá no seamos tan diferentes de aquellos romanos cuando acudían al coliseo para ver a los gladiadores descuartizarse entre sí. Sin embargo, queda claro que el morbo hacia la sangre, hacia el dolor, hacia la muerte, se presenta en las más impensables formas, y los cubanos también somos parte de ello.
Ignorancia, inocencia, cinismo, dobles intenciones… múltiples son las aristas de un problema que crece a diario. Por un lado de la pantalla, finalidades desconocidas; por el otro, la curiosidad malsana, la indolencia, la superstición; y en el centro del debate una cultura que no siempre globaliza lo mejor del ser humano.







