Internet y el peligro de la inocencia

0
69
En la red de redes la información no se borra, como en la física la materia no se destruye, sino que se transforma/Foto Idania Pupo Freyre

Dayana tiene 13 años y un teléfono androide con internet. La adolescencia se le dispara entre Messenger, wasap, facebook, instagram y un amasijo de realidades virtuales, a estas alturas ya indetenibles.

Crece y convive entre grupos, amistades y coqueteos digitales, donde los límites de lo permisible son demasiado relativos.  Se proyecta en una sociedad introspectiva a la que sus padres no le sospechan la dimensión.

Le dedica horas de su tiempo y su creatividad. Horas, minutos, segundos que se deshacen en el olvido y no dejan más huella que decenas de selfies y fotos de su físico en poses eróticas y  hasta vulgares, en el afán de protagonismo.

Sus ciberamigas también ametrallan la red con sus mejores perfiles y Dayana no quiere quedarse por debajo de los nuevos patrones de aceptación de la belleza, que para ellas se patentizan con más likes, por eso las fotos que sube cada vez son más atrevidas, más sensuales, más provocadoras.

Pero nadie le explicó que en la red de redes la información no se borra, como en la física la materia no se destruye, sino que se transforma. Y en el ciberespacio las imágenes y los datos se pueden transformar  a veces en bombas de tiempo.

Ariadna y Reinaldo, han escuchado un poco de eso y tienen alguna noción del peligro, pero  llegan tan agotados a la casa después del día de esfuerzo en el pequeño negocio que la vida no les alcanza para, entender del todo, para dominar el entorno en que se mueve la nena, para prever consecuencia de juegos inocentes que pueden terminar en vergüenza y lágrimas.

Las redes sociales son bases de datos que no se borran, diseñadas para almacenarnos la vida y en las que a veces nos convertimos en facilitadores ingenuos de información que puede ser utilizada contra nosotros mismos, en futuros inmediatos o a largos plazos.

Dayana aún no sabe si será músico, maestra o si algún día tendrá que dar lecciones de moral, en el hogar que construya o la profesión que escoja.  Aún no termina la secundaria pero ya tiene un precoz y grueso currículo virtual con muchas y variadas imágenes de su sensualidad.

Sin embargo ella ni advierte malicia. No sabe de  los verdaderos costos de la intimidad que se empeña. La prioridad inminente mostrarse bonita, sentirse atractiva.  Necesita la aprobación de los otros y con trece años no se tiene toda la precepción de riesgo.

Dayana puede ser cualquiera. Cada vez hay más Dayanas. No perdamos de vista a nuestros adolescentes. No los dejemos solos en la jungla del ciberespacio. Ese también es un lugar muy peligroso.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

*

code