Historia del monopolio de la radio en Cuba

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Locución avileña

Como todo lo que ocurre en la pseurrepública la radio cubana también viene con aires del norte, le inserción de los grandes capitales transnacionales no tarda en hacerse sentir en los años del centro del pasado siglo, con la presencia de una época o etapa denominada Monopolista. Aparece la incursión e injerencia cultural de los Estados Unidos sobre un medio popular.

El primer atisbo de esta penetración decisiva, se origina en la CMQ de Cambó y Gabriel, en Monte y Prado, a finales de la década de los años treinta, donde de forma continuada, se inician las primeras radio-revistas musicales, cada domingo de 10 a 12 de la noche, patrocinadas por Domingo Méndez e hijos. Esta revista presenta a los triunfadores de “La Corte Suprema del Arte,”  con libretos de Arturo Liendo y la intervención, en su parte hablada, de los actores Guillermo de Mancha, Aníbal de Mar, Sol Pinelli, Xiomara Fernández y Asunción del Peso.

 Es a partir de ese momento, calificado como de máxima tensión radial, en la etapa comercial, que surge la norma de calificar como talento vivo a un sector del personal que interviene en los programas, definición que aplica una Agencia a los efectos de la contabilidad. El personal técnico es responsabilidad de la emisora y se incluye en la tarifa de tiempo contratado, mientras que el talento es la parte que contrata el anunciante con pago directo.

Los artistas que ya son más conocidos, por el tiempo de actuar o por habilidades personales, comienzan a obtener contratos con carácter de “exclusivos” para una sola firma. Los menos favorecidos, quedan en la categoría de eventuales a tarifa líbre.Los estelares alcanzan sueldos “estelares” mientras que los menos famosos tienen que contentarse con hacer de vez en cuando un papel corto, por el cual, de inicio, se pagan solo un peso.

Como  en la Cuba de entonces es común llamarle “bolo” al peso, surge la frase “hacer un bolo”, lo que sirve de pauta a la  clasificación de “boleros” ,a los que no actúan con carácter de fijos y con sueldo estable. En ese proceso de origen comercial, cambia el medio psicológico del grupo unido de la etapa romántica, donde todos logran buenos programas en un esfuerzo colectivo, que ahora se convierte en un grupo en pugna, donde cada quien trata de imponer sus intereses contra el resto: los técnicos, en desacuerdo con el talento; líricos contra dramáticos; exclusivos contra eventuales; “boleros” contra estelares.

El índice más claro en los medios artísticos de la radio es la división sindical; hay un Sindicato de Músicos, una Asociación de Artistas, un Colegio de Locutores y una Unión de Operadores. En el centro de todo este divisionismo, que debilita al desordenado sector radial,- dice el investigador Oscar Luis López-, está el Patrocinador, que muy bien aprovecha todas esas pugnas internas, aprieta los contratos, baja los costos, eleva o destruye a las estrellas. Los programas obedecen a los propósitos de ventas y a razones comerciales, por encima de las razones estéticas y culturales, que predominan en los primeros tiempos de la radiodifusión nacional.

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