
El Yuyo es el máximo goleador del hockey sobre césped cubano de todos los tiempos.
El avileño Heriberto Sarduy Gómez es una estrella del hockey sobre césped, pero igual pudo haber sido campeón de salto alto, porque pocos como él han superado escollos y adversidades.
Del padre heredó el talento para triunfar en el deporte, y de la madre, la constancia y empuje necesarios, que lo hacen perdurar y hacer una obra grande.
Ahora que anuncia su retiro, casi al cumplir 41 años de edad, el Yuyo tiene una impresionante marca de 316 goles anotados en campeonatos nacionales y 139 en competencias internacionales.
Comenzó en este fuerte deporte desde bien pequeño, cuando asistía a los terrenos donde su papá, Heliberto, entrenaba y competía como artífice de este deporte en Ciego de Ávila.
Manejaba tan bien un bastón de hockey como los lápices en su escuela primaria y en su mente llevó, desde su niñez, la táctica y la estrategia de este deporte.
Él fue transitando por todas las categorías hasta integrar el equipo nacional, en el cual brilló siempre, hasta que de forma sorpresiva le imponen una sanción que nunca fue conocida ni explicada y quedó como una dolorosa incógnita.
Pero aun así, no pudieron sacarlo del deporte. Con la disciplina y la entereza de los grandes, regresó a su Ciego de Ávila natal, a trabajar en la academia, transmitiendo sus conocimientos, valorados al punto de luego llegar a ser director técnico de equipos nacionales en Venezuela.
Pero la cancha, la competencia, los triunfos, tenían una deuda con Sarduy y, ante los reclamos de aficionados y directivos, regresó a la competencia con renovados bríos y la misma moral deportiva de siempre.
En el campeonato nacional no fue el mejor, pero le sirvió de preparación y los técnicos confiaron en él hasta el punto de incluirlo en el equipo Cuba para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de este año.
Y en Barranquilla el Yuyo se lució en grande, al punto de jugar todo el tiempo en el desafío ante México, por la medalla de oro, en el cual anotó un gol y puso la asistencia para el segundo, que dio el triunfo a Cuba.
Así cerró Heriberto Sarduy su carrera competitiva, pero no se aleja del deporte, porque ahora regresará a su trabajo de entrenador y director de equipos, con la misma humildad que lo han llevado a lo más alto del podio de premiaciones.
Su estatura física no se corresponde con la grandeza de su palmarés competitivo, ni de su valor para saber imponerse ante las adversidades. Él es un gigante que perdurará en cualquier época del deporte avileño y del hockey sobre césped cubano.








