Fusilamiento de estudiantes cubanos en 1871, un crimen inolvidable

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El vínculo de esta ciudad con los ocho estudiantes de Medicina fusilados por el colonialismo español el 27 de noviembre de 1871, lo simbolizan dos hermanos, uno de los cuales murió en el abominable crimen y el otro fue a presidio.

Junto a otros jóvenes habían comenzado el primer año de la altruista carrera en La Universidad de La Habana.

‘La cuota espirituana fue aportada por los hermanos de la Torre Madrigal: Carlos Augusto, nacido en Puerto Príncipe (hoy Camagüey) y residente en la villa espirituana, mártir de este día y su hermano, el espirituano Alfredo, sancionado a cuatro años de cárcel’.

Así se plantea en el texto José Martí, Sancti Spíritus y el 27 de noviembre de 1871, publicado en la Revista Caribeña de Ciencias Sociales (2015), por un colectivo de autores.

DÍAS ACIAGOS

El periódico La Voz de Cuba, propiedad de Don Gonzalo de Castañón, su director, se publicaba por entonces en la nación caribeña, hasta el deceso de este en un duelo con un cubano que defendía la dignidad de la mujer de su país, mancillada por el español en su diario.

Pocos días antes del fusilamiento, un grupo de estudiantes del primer año de Medicina de la Universidad de La Habana, esperaba la llegada de su profesor en el anfiteatro anatómico de San Dionisio, próximo al Cementerio de Espada.

Aburridos por la ausencia del maestro, cinco jóvenes emplearon el tiempo libre para jugar -con la inocencia de sus corta edad- con el carro en que se trasladaba los cadáveres a la sala de disección.

La vida de otros tres sería llevada a sorteo, hasta sumar ocho imberbes que compartirían unos días aciagos en espera del final, buscado con sumo odio por el sistema colonialista imperante. Sus edades oscilaban entre 16 y 21 años.

Fueron acusados injustamente de dañar el cristal del sepulcro del conocido periodista español, pero en digna actitud el profesor de segundo año de Medicina salvó a sus alumnos de la muerte.

Sin embargo, la cobardía del que estaba al frente del primer año condujo a la detención del grupo, integrado por 43 alumnos, entre los que se encontraba Fermín Valdés Domínguez, el amigo entrañable del Héroe Nacional cubano, José Martí (1853-1895).

De los restantes alumnos, 11 fueron sancionados a seis años de prisión, 20 a cuatro años y cuatro a seis meses de reclusión.

VALIENTE ACTITUD DE MILITARES ESPAÑOLES

El capitán del ejército español Federico Capdevila asumió la defensa de los estudiantes, probó la inocencia de sus defendidos y solicitó su liberación.

‘(…) Mi obligación como español, mi sagrado deber como defensor, mi honra como caballero, y mi pudor como oficial es proteger y amparar al inocente (…) ¿Dónde está la acusación? ¿Dónde consta el delito que se les incrimina y supone? (…)’, pronunciaría durante el juicio.

Al concluir el proceso judicial, Capdevila residió en Sancti Spíritus entre 1871 y 1873, al contraer matrimonio con la espirituana Doña Isabel de los Dolores Pina Estrada.

En la actualidad, este inmueble alberga a la Casa de Cultura, enclavada en la céntrica calle Cervantes, entre Máximo Gómez e Independencia, donde hay una tarja que recuerda el elevado sentido del honor de este militar ibérico.

Martí lo elogió: ‘ÂíRecordaré al magnánimo español, huésped querido de todos nuestros hogares, laureado aquí en efigie junto con el heroico vindicador, que en los dientes de la misma muerte, prefiriendo al premio cómplice la pobreza del justo, negó su espada al asesinato (…)’.

En tanto, el joven capitán español Nicolás Estévanez, nacido en Islas Canarias, protestó airadamente en la llamada Acera del Louvre, en el portal del habanero Hotel Inglaterra, al escuchar las descargas y enterarse de lo que ocurría.

‘Según se dice, en presencia de varios amigos hace un gesto como si rompiera la espada, que para los militares significa un acto de insubordinación y de rebeldía contra una injusticia’, apuntó Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, de acuerdo con un artículo publicado en Cubadebate.

Otros textos consultados aseguran que años después el hijo de Castañón arribó a Cuba para trasladar los restos mortales de su padre y a solicitud de Fermín Valdés Domínguez examinó la tumba y declaró en público que esta no había sido profanada.

INJUSTOS PROCESOS

Procesados dos veces por un mismo delito, en el segundo juicio más de 30 estudiantes fueron condenados a penas de entre seis meses y seis años de prisión con trabajos forzados.

Valdés Domínguez fue condenado a esta última pena, mientras que otros ocho lo fueron a morir ante un pelotón de fusilamiento.

Se condenó a cinco jóvenes que jugaron frente a la necrópolis: Anacleto Bermúdez González, Ángel Laborde, José de Marcos Medina, Juan Pascual Rodríguez y Pérez y Alonso Álvarez de la Campa, quien solo arrancó una flor del jardín.

Tres fueron elegidos al azar: Eladio González y Toledo; Carlos Verdugo y Martínez, quien estaba de visita en Matanzas el día de los hechos, y Carlos Augusto de la Torre y Madrigal, nacido en Camagüey y descendiente de familias espirituanas. Su hermano Alfredo de la Torre y Madrigal, condenado a cuatro años de presidio por igual causa, se graduó posteriormente en Francia de Doctor en Medicina y Cirugía.

Vivió y murió -15 de abril de 1902- en Sancti Spíritus, su ciudad natal, donde se honra la memoria de ambos con una tarja colocada en la casa donde residieron en la calle Real No.11, actual Independencia.

El crimen se llevó a cabo en los terrenos del Castillo de La Punta, lugar donde existe un monumento en el que se conserva un lienzo de la pared donde fueron fusilados.

Los cadáveres fueron enterrados en una fosa común, sin lápida ni cruz, e incluso impidieron a sus familiares visitar el lugar.

Tras 16 años, en 1887, Valdés Domínguez localizó el sitio exacto donde yacían enterrados sus compañeros, logró la exhumación y colocó los restos en una caja de plomo, la cual se situó primero en el panteón de la familia Álvarez de la Campa.

Estuvieron allí hasta que en 1889 se construyó la base del mausoleo en el cementerio de Colón, donde son puestos los restos de los ocho estudiantes fusilados.

En l893 Martí, en las páginas del periódico Patria, bajo el título El 27 de noviembre, señaló las verdaderas causas del injusto crimen.

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