
Apenas faltan unas horas para que inicie en Ciego de Ávila la XXVIII Feria del Libro, como parte de su recorrido por todas las provincias del país, y ya se perciben destellos del festejo entre los habituales y los nuevos lectores del territorio.
Conozco casos, entre ellos a muchos colegas, que, aún con mucho esfuerzo, reservaron mes tras mes algún dinerito para adquirir el libro de su preferencia, máxime cuando se sabe que este año los organizadores pondrán a disposición del público unos mil títulos, de ellos 400 novedades absolutas.
Alienta ver cómo, en estos tiempos en que la tecnología se adueña de los gustos, muchas personas apuesten todavía por la palabra en soporte de papel y, lo que produce mayor satisfacción, comprobar cómo adquieren libros para sus hijos y que incluso lleven a estos a las áreas de venta para irlos familiarizando con la lectura.
Además, aparte de las presentaciones a cargo de los autores, eventos teóricos y otras actividades afines, la feria deviene en el espacio propicio para socializar con otros amantes de la literatura en su más amplio espectro, al tiempo que permite platicar con amigos y conocidos.
Es común ver a impenitentes buscadores recorrer todos los kioscos, más de uno es indiferente a las colas para de alguna manera introducirse y comprar este o aquél volumen: lo que para alguien pudiera parecer una libromanía, en cierta forma demuestra el afán de poseer un texto que luego desaparecerá de los circuitos de venta.
Por lo demás, la Feria del Libro, que este miércoles 13 de marzo iniciará en Ciego de Ávila, es la oportunidad exclusiva de conocer de cerca a los autores de renombre, compartir con ellos y mostrar luego un autógrafo largo tiempo codiciado, para aprender, y aprehender, lo último en el terreno histórico y literario que necesitamos conocer.






